lunes 11 de enero de 2010

Triángulo vocacional

por Justo Llecllish M.

Triángulo vocacional ¡Pregúntale a cualquier muchachito sobre qué quiere ser en la vida! Sin pensarlo dos veces te dirá: "Quiero ser abogado" (o algo similar). ¡Pregúntale a cualquier grandecito qué o quién es en la vida! Sin titubear te dirá: "Soy ingeniero" (o algo parecido).

En el mejor de los casos, nuestros entrevistados responderán con condimentado sabor y expectativa. Y en el peor, con solapada vergüenza. Los más sinceros, tragándose una gruesa saliva y rascándose la cabeza, confesarán: "Soy arquitecto". Y luego de un par de segundos, con labios temblorosos y lágrimas a punto de rebalsar, admitirán: "¡Y qué?".

Letras versus números

Todo comienza cuando entramos a base diez. A esa edad te abruman con preguntas sobre tu futuro. No falta un don comedido en la vecindad preguntándote sobre tus gustos y colores. "¿Letras o números?", es su estribillo. Si respondes letras, inmediatamente deducen que tu futuro está entre literatura, historia o sociología. Si respondes números, te alucinan en las otras casillas: ingeniería, física, o medicina.

Según este mito, a tu vocación no le queda otra que encajar, acoplarse, limitarse y circunscribirse a una cantidad fija, rígida y predestinada de profesiones. ¡No más; no menos! Si inventas tu propia profesión u oficio, si no te ajustas a lo establecido, si saltas de esas fronteras, pasas a la lista de los anormales y rebeldes.

A veces hubiera querido vivir los tiempos de Platón, Newton y Picaso (¡pero con internet!). Los tipos le sacaban humo a las matemáticas, a la filosofía la hacían pensar, y al arte lo convertían en una obra de arte; ¡todo, al mismo tiempo! Si los citados hubieran vivido en el 2009, el sistema educativo los habría castrado con su condicional premisa: o en letras o en números.

Expiración del sistema profesional

¡Creo que esto de dividir las profesiones entre letras y números ha caducado! Urge un replanteamiento.

Cuando veo abogados haciendo empresa y médicos dedicados a la tecnología, y no por necesidad sino por realización, veo a la universidad frustrada, y a la carrera profesional más frustrada todavía.

¿Cómo llamar al abogado que hace empresa? ¿Empresario? ¿Dónde estudió para ser empresario? Estudió derecho para ser abogado, y lo de empresario le salió del temperamento. Llamarlo "señor abogado" es reducirlo a un oficinista. Llamarlo "empresario" es asemejarlo al rey de la papa. Si hizo un post grado en administración de empresas y/o negocios; ¡qué bien!; pero eso no lo hace empresario.

¿Ahora me entienden cuando apuesto por un replanteamiento del sistema profesional?

No sería dañino editar las actuales carreras profesionales. También eliminar algunas, agregar otras, y fusionar varias. La idea es, interpretar mejor las vocaciones personales y traducirlas en carreras profesionales.

Algo de mi propia experiencia

A los 12 años descubrí que las matemáticas no son diabólicas. Me hice amigo del álgebra y compadre de la geometría, y luego un domador de los números. Dado éste ímpetu, en mi entorno me imputaron de ingeniero. ¡No había otra opción, socialmente hablando!

Así que decidí estudiar ingeniería. Hasta que, a un octavo de camino, hice otro gran descubrimiento: No soy ingeniero; soy un predicador. Desde entonces me debatí entre dos presiones y una vocación. Mi entorno espiritual me decía “para qué vas estudiar, si Cristo ya viene”. Mi entorno familiar, todo lo contrario. Hasta que, luego de mucha reflexión, encontré una forma de hacer las paces entre estas dos presiones. Dije, "si tengo y debo estudiar algo, estudiaré algo que vaya con mi vocación". Tres carreras se dibujaron en mi espectro: administración, para manejar mi ministerio; psicología, para comprender a la gente; y ciencias de la comunicación, para escribir libros y revistas. Y elegí administración, sólo por cuestión de orden. Lo de psicología y comunicaciones, lo leí, lo leo y lo leeré; aunque aún tengo fuerzas para maestrías.

Han pasado los años, y no han pasado por gusto. Y acabo de descubrir que también debo incursionar en la educación. Espero hacerlo a nivel de diplomado o maestría, o autodidácticamente.

¿Soy administrador? ¡No me limites!

¿Soy pastor? ¡Suena seductor!

¡Rayos! ¡Quién soy?

Frustración de la carrera profesional

Hoy no es raro encontrarse con universitarios, que al final de su carrera descubren que nunca debieron estudiar lo que estudiaron. En medio camino, por necesidad o placer, incursionaron en alguna actividad ajena a sus estudios, y sin darse cuenta le hallaron el gusto y pasión.

Si ese es tu caso, no te sientas frustrado. El verdadero frustrado es la carrera, que así solita no pudo comprenderte. Se requiere otras carreras más para lograr entenderte y sacar a luz todas tus potencialidades. Yo diría, por lo menos tres.

Te repito, no te sientas frustrado. Tú no eres abogado, tampoco médico, mucho menos ingeniero. Tú eres, simple y llanamente, tú. Y para que tu tú salga, requieres la ayuda de carreras y oficios. Ojalá se inventen carreras que satisfagan un poco tu verdadera identidad; y si aún la hubiera, tú no eres la carrera que estudias. Tú eres tú.

Dios nos hizo a su imagen y semejanza. ¿Y cómo es Dios? ¡Dios es Dios! Cuando el gran Moisés quiso identificarlo, Dios dijo de sí mismo: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14)

Auto traición

Hoy, padecemos tanto de falto de identidad, que para aliviar un poco este dolor hay que perseguir un doctorado, aunque sea a nombre del kiosco de la esquina.

Pisar el palito con una profesión es una forma de auto traición positiva. Positiva, porque estudies lo que lo estudies, te servirá. ¿Y cuál sería la negativa? Estudiar para trabajar en algo, y así sobrevivir en esta jungla globalizada.

Muchos institutos y universidades se han tomado muy a pecho la maldición “con el sudor de tu frente comerás” (Génesis 3:19). Y lo que hacen es ofrecer programas que nos hagan útiles, utilizables, disponibles y servibles. Su misión es ayudarte a comprar el pan diario, aunque sea a costa de tu vocación.

Lo llamo auto traición negativa, pues los que cometen esto, están negociando su razón vocacional por un plato de billetes. Ignoran que una vocación maximizada es rentable y placentera.

Concluyendo

El esquema de letras o números, ya se venció. Si te gusta más uno que el otro, o un poco de uno y mucho del otro, o sea cual fuere tu combinación, no temas. ¡Eres normal!

¡Tu identidad no proviene de una profesión! Tú eres tú. Y si has nacido de nuevo, tú eres un hijo(a) de Dios (Juan 1:12).

Una profesión por sí sola no puede contener todo tu torrente vocacional. Se requieren por lo menos tres. ¿Por qué 3? Con la primera, descubres lo que no eres. Con la segunda, descubres quién eres. Y con la tercera, descubres en qué puedes servir.

Y finalmente; no te auto traiciones, por favor.

Etiquetas:

Leer todo

jueves 31 de diciembre de 2009

Pasión sin muerte

por Justo Llecllish M.

pasion-sin-muertePasión sin muerte es el primer librito de mi buen amigo Toño Argumedo, director de Especialidades Juveniles Perú. No quería pasar el 2009 sin leerlo, y mucho menos sin comentarlo aquí.

Nuestras bibliotecas están repletas de buenos libros, pero de cosmovisión agringada y contextos ilegibles. Por lo que valoro iniciativas latinas, y más aún si son blanquirojos.

En esta obra, Toño nos comparte su decisión de ser un pastor de jóvenes toda su vida. Usualmente, quienes trabajan con jóvenes son traspasados a otros ministerios y/o sirven con jóvenes como escalón previo al pastorado principal. En Pasión sin muerte, Argumedo apuesta por tomar el ministerio juvenil en serio y, si Dios así los llama, quedarse allí para toda la vida.

Una de las preguntas que trata de responder Toño en estas páginas es: ¿Cómo hacer para que tu pasión por los jóvenes, al pasar los años, no se muera? Y como respuesta propone, entre otras, la especialización.

Etiquetas:

Leer todo

miércoles 30 de diciembre de 2009

Lo que no podrás hacer en el cielo

por Justo Llecllish M.

Lo único que no podrás hacer en el cielo El que escribió Lo único que no podrás hacer en el cielo, Mark Cahill, es un evangelista nato, neto y nito. Es de aquellos que hasta con su sudor testifican a otros de Cristo, abierta y descaradamente.

Yo no busqué este libro, más bien éste me buscó; o mejor dicho Dios me lo envió. Y me cayó a pelo, pues como pastor me debato en el lío, no tanto en qué tan bien testifico a otros, sino en cómo hago para movilizar a mi congregación a un evangelismo personal en el lugar donde se encuentran: estudios, trabajo y vecindario. Y digo que me cayó a pelo, pues ha logrado su cometido: inspirarme estrepitosamente a inspirar estrepitosamente.

El libro en mención es profundamente inspiradora; contiene mil y un anécdotas de evangelismo; gringas, pero inspiradoras. Por supuesto que también incluye premisas y metodologías, pero al estar inmersas en anécdotas por aquí y anécdotas por allá, lo hace más inspirador aún.

Las anécdotas plasmadas vienen en forma de diálogos (yo diría “diálogos tipos”) que todo testigo enfrenta, atraviesa y experimenta; lo que lo convierte en un libreto FAQ (preguntas frecuentes) que nos salvarán de innumerables arrinconamientos.

¡Si quieres renovar tu pasión evangelizadora, ésta es la inyección que necesitas!

Etiquetas:

Leer todo

martes 29 de diciembre de 2009

En un instante, por Ted Dekker

por Justo Llecllish M.

En un instante, Ted Dekker

La primera vez que leí a Ted Dekker (Piel)  viví con el corazón latiéndome en la garganta , la mano rascándome la cabeza y las piernas entrecruzándose en todas las direcciones. En esta mi segunda lectura, En un instante, también me pasó lo mismo, aunque ligeramente menor. Menor, pues a diferencia de Piel, la trama me resultó casi predecible.

En un instante puedo resumirlo así: Un joven genio norteamericano se conoce con una princesa del medio oriente fugitiva de un matrimonio negociado. Él joven la salva innumerables veces de sus perseguidores, y terminan finalmente enamorados.

¿Predecible? Claro que sí. No obstante, la forma de narrar la historia y los datos científicos y culturales en escena, te cazan como el anzuelo al pez. ¡Compruébalo por ti mismo!

Etiquetas:

Leer todo

miércoles 23 de diciembre de 2009

So pretexto de Navidad

por Justo Llecllish M.

Desde que Loren y yo nos juramos amor eterno (inclusive un año antes), no ceso de pasar la navidad en Guatemala. Este año es mi 4ta navidad en el país de la eterna primavera, y casi ya probé la mayoría de las comidas típicas de ocasión. Mientras ustedes (peruanos) comen panetón y pavo, yo estaré saboreando tamal de arroz, bebiendo ponche chapino y disfrutando pavo horneado.

Es navidad, y aquí y allá se dicen que navidad es sinónimo del nacimiento del niño Dios. Bueno, al menos así lo afirman los cristianos. Para los demás es un pretexto para comprar regalos y comer algo típico, bajo la sombra de algún arbolito.

Me parece descabellado afirmar que navidad sea el cumpleaños de Jesús. Peor aún: mis oídos me zumban cuando escucho a algún comedido pedir, desde alguna plataforma, que Cristo nazca en nuestros corazones. Suena bonito y romántico, pero totalmente sin fundamento. No se puede probar históricamente que Cristo haya nacido un 25 de Diciembre. Y por si fuera poco, en ninguna parte de las Escrituras nos ordenan celebrar el nacimiento de Cristo, y mucho menos a predicar que Cristo nazca en nuestros corazones. Lo que sí se nos ordena es anunciar la muerte del Señor y celebrar su resurrección; y la prédica es que el ser humano tiene que nacer de nuevo para ser salvo.

Dicho lo anterior, para mí navidad es un pretexto para recordar que un día nació mi Señor de una virgen. No importa qué fecha nació, lo importante es que nació, y nació para morir en una cruz por mí y por ti. No voy a celebrar su nacimiento; voy a celebrar el propósito de su nacimiento. Y como son feriados obligatorios, hay que aprovechar para estar con la familia alrededor de algún plato.

¿Y qué celebrar en Año Nuevo?

¡Si en navidad recordamos para qué nació nuestro Cristo, en año nuevo recordemos para qué nacimos nosotros!

Ciertamente, Dios tiene un plan maravilloso para cada uno. Si Dios fuera cineasta, en su película todos seríamos protagonistas. ¡Sólo alguien con una mente eterna puede hacer esto! Y ese alguien es Dios.

Pero, ¿por qué muchos no están experimentando ese plan maravilloso? La respuesta es simple: Hay que nacer de nuevo para conocer ese plan; y segundo, hay que conocer los principios bajo el cual movernos para cristalizar ese plan. Y uno de los principios es: ¡No olvides para qué haz nacido! En positivo: ¡Recuerda y evoca tu propósito de vida!

¡Que estos feriados sirvan para reflexionar sobre el propósito de Cristo al nacer, y tu propio propósito!

Saludos; míos, de mi esposa y Justito.

Etiquetas:

Leer todo