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Triángulo vocacional
por Justo Llecllish M.
¡Pregúntale a cualquier muchachito sobre qué quiere ser en la vida! Sin pensarlo dos veces te dirá: "Quiero ser abogado" (o algo similar). ¡Pregúntale a cualquier grandecito qué o quién es en la vida! Sin titubear te dirá: "Soy ingeniero" (o algo parecido). En el mejor de los casos, nuestros entrevistados responderán con condimentado sabor y expectativa. Y en el peor, con solapada vergüenza. Los más sinceros, tragándose una gruesa saliva y rascándose la cabeza, confesarán: "Soy arquitecto". Y luego de un par de segundos, con labios temblorosos y lágrimas a punto de rebalsar, admitirán: "¡Y qué?". Letras versus números Todo comienza cuando entramos a base diez. A esa edad te abruman con preguntas sobre tu futuro. No falta un don comedido en la vecindad preguntándote sobre tus gustos y colores. "¿Letras o números?", es su estribillo. Si respondes letras, inmediatamente deducen que tu futuro está entre literatura, historia o sociología. Si respondes números, te alucinan en las otras casillas: ingeniería, física, o medicina. Según este mito, a tu vocación no le queda otra que encajar, acoplarse, limitarse y circunscribirse a una cantidad fija, rígida y predestinada de profesiones. ¡No más; no menos! Si inventas tu propia profesión u oficio, si no te ajustas a lo establecido, si saltas de esas fronteras, pasas a la lista de los anormales y rebeldes. A veces hubiera querido vivir los tiempos de Platón, Newton y Picaso (¡pero con internet!). Los tipos le sacaban humo a las matemáticas, a la filosofía la hacían pensar, y al arte lo convertían en una obra de arte; ¡todo, al mismo tiempo! Si los citados hubieran vivido en el 2009, el sistema educativo los habría castrado con su condicional premisa: o en letras o en números. Expiración del sistema profesional ¡Creo que esto de dividir las profesiones entre letras y números ha caducado! Urge un replanteamiento. Cuando veo abogados haciendo empresa y médicos dedicados a la tecnología, y no por necesidad sino por realización, veo a la universidad frustrada, y a la carrera profesional más frustrada todavía. ¿Cómo llamar al abogado que hace empresa? ¿Empresario? ¿Dónde estudió para ser empresario? Estudió derecho para ser abogado, y lo de empresario le salió del temperamento. Llamarlo "señor abogado" es reducirlo a un oficinista. Llamarlo "empresario" es asemejarlo al rey de la papa. Si hizo un post grado en administración de empresas y/o negocios; ¡qué bien!; pero eso no lo hace empresario. ¿Ahora me entienden cuando apuesto por un replanteamiento del sistema profesional? No sería dañino editar las actuales carreras profesionales. También eliminar algunas, agregar otras, y fusionar varias. La idea es, interpretar mejor las vocaciones personales y traducirlas en carreras profesionales. Algo de mi propia experiencia A los 12 años descubrí que las matemáticas no son diabólicas. Me hice amigo del álgebra y compadre de la geometría, y luego un domador de los números. Dado éste ímpetu, en mi entorno me imputaron de ingeniero. ¡No había otra opción, socialmente hablando! Así que decidí estudiar ingeniería. Hasta que, a un octavo de camino, hice otro gran descubrimiento: No soy ingeniero; soy un predicador. Desde entonces me debatí entre dos presiones y una vocación. Mi entorno espiritual me decía “para qué vas estudiar, si Cristo ya viene”. Mi entorno familiar, todo lo contrario. Hasta que, luego de mucha reflexión, encontré una forma de hacer las paces entre estas dos presiones. Dije, "si tengo y debo estudiar algo, estudiaré algo que vaya con mi vocación". Tres carreras se dibujaron en mi espectro: administración, para manejar mi ministerio; psicología, para comprender a la gente; y ciencias de la comunicación, para escribir libros y revistas. Y elegí administración, sólo por cuestión de orden. Lo de psicología y comunicaciones, lo leí, lo leo y lo leeré; aunque aún tengo fuerzas para maestrías. Han pasado los años, y no han pasado por gusto. Y acabo de descubrir que también debo incursionar en la educación. Espero hacerlo a nivel de diplomado o maestría, o autodidácticamente. ¿Soy administrador? ¡No me limites! ¿Soy pastor? ¡Suena seductor! ¡Rayos! ¡Quién soy? Frustración de la carrera profesional Hoy no es raro encontrarse con universitarios, que al final de su carrera descubren que nunca debieron estudiar lo que estudiaron. En medio camino, por necesidad o placer, incursionaron en alguna actividad ajena a sus estudios, y sin darse cuenta le hallaron el gusto y pasión. Si ese es tu caso, no te sientas frustrado. El verdadero frustrado es la carrera, que así solita no pudo comprenderte. Se requiere otras carreras más para lograr entenderte y sacar a luz todas tus potencialidades. Yo diría, por lo menos tres. Te repito, no te sientas frustrado. Tú no eres abogado, tampoco médico, mucho menos ingeniero. Tú eres, simple y llanamente, tú. Y para que tu tú salga, requieres la ayuda de carreras y oficios. Ojalá se inventen carreras que satisfagan un poco tu verdadera identidad; y si aún la hubiera, tú no eres la carrera que estudias. Tú eres tú. Dios nos hizo a su imagen y semejanza. ¿Y cómo es Dios? ¡Dios es Dios! Cuando el gran Moisés quiso identificarlo, Dios dijo de sí mismo: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14) Auto traición Hoy, padecemos tanto de falto de identidad, que para aliviar un poco este dolor hay que perseguir un doctorado, aunque sea a nombre del kiosco de la esquina. Pisar el palito con una profesión es una forma de auto traición positiva. Positiva, porque estudies lo que lo estudies, te servirá. ¿Y cuál sería la negativa? Estudiar para trabajar en algo, y así sobrevivir en esta jungla globalizada. Muchos institutos y universidades se han tomado muy a pecho la maldición “con el sudor de tu frente comerás” (Génesis 3:19). Y lo que hacen es ofrecer programas que nos hagan útiles, utilizables, disponibles y servibles. Su misión es ayudarte a comprar el pan diario, aunque sea a costa de tu vocación. Lo llamo auto traición negativa, pues los que cometen esto, están negociando su razón vocacional por un plato de billetes. Ignoran que una vocación maximizada es rentable y placentera. Concluyendo El esquema de letras o números, ya se venció. Si te gusta más uno que el otro, o un poco de uno y mucho del otro, o sea cual fuere tu combinación, no temas. ¡Eres normal! ¡Tu identidad no proviene de una profesión! Tú eres tú. Y si has nacido de nuevo, tú eres un hijo(a) de Dios (Juan 1:12). Una profesión por sí sola no puede contener todo tu torrente vocacional. Se requieren por lo menos tres. ¿Por qué 3? Con la primera, descubres lo que no eres. Con la segunda, descubres quién eres. Y con la tercera, descubres en qué puedes servir. Y finalmente; no te auto traiciones, por favor. Etiquetas: Artículos
Leyes vocacionales
por Justo Llecllish M.
 La pregunta del millón de dólares siempre será ¿para qué sirvo? Benditos los que logran responder y benditos sus logros por el resto de sus días. ¡Terrible vivir sin saberlo y doblemente terrible morir habiendo hecho lo contrario!
Hay 4 cosas que debemos hacer respecto a nuestra vocación («para qué sirvo»).Las llamo leyes porque,al incumplirlas,la justicia de la vida condena a la frustración perpetua.
Ley 1. Descubrir tu vocación
Es raro encontrar chicos que saben lo que quieren o,por lo menos,que tengan una idea.Se les reconoce porque hablan de ello,duermen con ello,sueñan con ello,despiertan con ello, caminan con ello; hasta darían su vida por ello.Lo más fascinante es que no tienen ni cualidades ni pinta para ello,pero tienen una idea y «se la creen» (cuadro típico de triunfadores).Quizá el mejor ejemplo sea Jesús: 12 años y ya entablaba interesantes pláticas con los intelectuales de su época.¿Fenómeno o normalidad perdida? Tener una idea es el primer paso para descubrir tu vocación.
Las ideas son como gotas de agua de tu destino; por favor,no las desprecies.Las grandes realizaciones comenzaron con una idea, pero apreciada.Pregunta a cualquier triunfador cómo empezó su hazaña y te dirá que todo comenzó con una idea que fue madurando poco a poco.Y no faltará quienes te digan que todo se inició sin querer queriendo.
Si profundizas tu idea de vocación,lo más probable es que logres un grado promedio de convicción.Porque luego de prepararte y experimentar un poco,recién esa idea encajará en tu identidad y cobrará sentido.
Ley 2. Prepararte en tu vocación
Prepararse es el siguiente paso.Es decir,convertirte en técnico, especialista y/o científico de aquello que te gusta.Significa que debes estudiar en un instituto superior o universidad.De otra forma sólo serás un tipo con ideas bonitas.Pero si tu plan es triunfar en la vida,será mejor que te conviertas en un perito de lo que te gusta.
¿Qué debo estudiar? se preguntan muchos.Un muchacho,a punto de terminar la secundaria,me hizo esa pregunta.Le respondí 1) Pregunta a tu Creador,pues él nos trajo para un propósito, 2) Lee y relee los prospectos de las carreras que ofrecen las universidades,3) Conversa con gente que ya está ejerciendo las carreras que llaman tu atención y entérate de todo,4) Sométete a un test vocacional.
Quiero que tengas una idea del por qué prepararte.Los años 1985 al 1990 se decía que podrán sobrevivir al 2000 quienes tengan 1) carrera profesional,2) sepan de computación,y 3) hablen inglés.¿Cierto? Hasta pareciera que los omisos a estas exigencias son «inútiles».
Hoy se habla del 2020 y 2021.En cuanto a exigencias se dice: 1) 3 carreras profesionales, 2) 4 idiomas,3) conocimiento cultural del mundo. En cuanto a calidad: 1) alta capacidad administrativa,2) cociente intelectual de inventor,y 3) alto sentido de moral. ¿Cómo vamos..?
La Biblia dice que Dios tiene «grandes cosas» para sus hijos. Pero también dice que esas grandes cosas son para quienes «están preparados» (2 Tim 3:17).Es decir,el punto no es si Dios tiene o no grandes cosas para sus hijos,sino si sus hijos están o no preparados para esas grandes cosas.
Ley 3. Ser bueno en tu vocación
¡Pero prepararse no es todo! Si así fuese,¿por qué muchos universitarios terminan como ambulantes y taxistas,o haciendo otra cosa para lo cual no se prepararon? Las respuestas son amplias,y una de ellas es que no son buenos en su vocación.La empresa necesita y/o prefiere a los mejores.Incluso estará dispuesta a duplicarte y triplicarte el sueldo para que renueves contrato (conozco la historia de un profesional tan bueno,que 2 multinacionales se pelearon por tenerlo en sus filas).
Ley 4. Vender tu vocación
¡Pero no basta ser buenos! En nuestro país tenemos grandes profesionales que viven por debajo de lo suficiente! ¿Qué pasó? Las respuestas también son amplias,pero la de más peso es que no saben venderse (marketing personal),y quienes lo hacen,lo hacen mal.
Antiguamente se dijo que unos nacían para las ventas y otros no; incluso se difundió el término «vocación de vendedor».Con la frase «este tipo es bueno para las ventas y aquél no» se cernía a los vendedores.Pero hoy se dice «todos venden algo».La señora de la esquina vende caramelos,el abogado vende asesoría,el albañil vende servicios,el ingeniero vende soluciones,el periodista vende información,el predicador vende buenas noticias.El desafío para todos es aprender a vender bien.Y la premisa es: quien no sabe vender no sirve para nada.
Un amigo mío,después de leer el aviso en el periódico sobre una oportunidad de empleo,inmediatamente se presentó a la convocatoria.Sus ojos brillaban frente a los detalles que le ofrecían,hasta que escuchó la palabra «ventas».Aterrado y convencido de que no había nacido para las ventas se retiró. ¡Ojalá hubiese sabido que sí nació para vender,aunque no para vender cualquier cosa!
Hay algo que quiero enfatizar: saber venderse debe ir de la mano de ser buenos.Las personas que confían en su montaje publicitario,con el tiempo engruesan las filas de «no gratos» para clientes y empleadores.
Para concluir
Déjame compartir una historia de la vida real. Resulta que una mujer,viuda,pobre y endeudada se encontró con un profeta llamado Eliseo,famoso por los alucinantes milagros de su ministerio.Esta mujer,con lágrimas,lamento y queja contra Dios, expone su caso con lujo de detalles (sospecho que tenía la esperanza de arrancar un milagro del profeta para salir de su crisis).¡Pero nada! Más bien recibe una pregunta,aparentemente fría, ¿qué tienes?
La mujer hace un balance imaginario y responde «nada». El profeta replica con la misma pregunta.La mujer,presionada por el tono enfático y la imponente presencia de Eliseo,piensa y,en tono de autosubestima,da una respuesta más concreta: «Sólo tengo una vasija de aceite».El profeta,emocionado,le dice: «Es suficiente».Le pide que busque vasijas vacías y las llene con el aceite que tiene; el milagro sería que el aceite no cesará.
Lastimosamente la viuda sólo consiguió unas cuantas vasijas. Para cuando regresó el profeta había varias vasijas de aceite. Creo que la mujer pensó para sí:«Este profeta cree que sólo de aceite vivirá el hombre».Pero grande fue su sorpresa cuando el profeta le dijo:«Vende las vasijas de aceite; con el ingreso paga tus cuentas,y el resto úsalo para tu sustento» (1Reyes 4:1-7).
¡Qué impresionante historia! De allí extraje las 4 leyes que acabo de citar.A la viuda le cuesta descubrir lo que tiene.Su nivel de preparación y grado de iniciativa está en su trabajo por conseguir vasijas.La parte de la multiplicación es la intervención divina.Los ingresos económicos vendrían por las ventas de su nuevo negocio.Etiquetas: Artículos
Momentum ministerial
por Justo Llecllish M.
 Hay un día y una hora para entrar en tu momentum ministerial. Lo sabrás porque ese día serás lanzado a tu destino, te manifestarás al mundo y alcanzarás reconocimiento y respeto de la gente. El tiempo de pifeos y piedras pasaron, ahora el mundo es tuyo.
El Señor tenía un plan para José; o mejor dicho, el Señor tenía un plan y se proveyó de José para ejecutar ese plan. El primer paso fue que éste comprenda su llamamiento, o por lo menos tenga una remota idea. Y usó un par de sueños, porque no hay nada más cercano a la realidad que un sueño. Luego del primero sueño, José comenzó a tener grandes y emocionantes sospechas sobre su destino. Ya cuando vino el segundo sueño, una nueva realidad surgió a su frente; lo podía ver despierto y lo podía ver dormido (capítulo 1: “José ve su futuro”).
Tanto había impregnado la visión en la cabeza de José que no tuvo otra opción y lo compartió con sus hermanos. Por supuesto que recibió un obvio rechazo, pero ya era muy tarde para hacerle cambiar de “plan de vida”. La visión había echado raíces hasta su corazón y huesos, que ni la incomprensión de papi lo hizo titubear un segundo. Ahora su corazón bombeaba otro tipo de sangre, y se sentía singular y único. ¡Todo era cuestión de tiempo y listo!
Sus hermanos, hartos de José y sus sueños, complotaron contra él, y aprovechando su poca capacidad de defensa propia, decidieron venderlo como esclavo a unos ismaelitas que pasaban por allí. José, mientras escuchaba las negociaciones, en su corazón se despedía de ellos. Le entristecía no la operación comercial que hacían de él, sino el hecho de no volverlos a ver sino hasta cuando llegue su momentum. Pero en fin, la función debe continuar, y ya empezó el capítulo 2: “José empieza su entrenamiento”.
Unos días después, los ismaelitas revenden a José a la gente de Potifar, un alto funcionario militar del rey de Egipto. José, ni bien pisó su nueva casa, una sensación de haber llegado al desenlace de su película lo embargó; pero no, falsa alarma. Sólo es el capítulo 3 de la película “José aprende a servir con excelencia”. Pues es aquí donde José reaprende a ser un caballero, y donde sus hábitos de ganadero se reformulan en hábitos de ejecutivo.
Pero ahora viene lo bueno. José ya aprendió a ser fiel con las cosas, y su próxima lección es aprender a ser fiel con las personas. ¡Y qué prueba que pasó! Un día, la esposa de Potifar se le insinuó abierta y descaradamente cual gata en celos. Pero José, en lugar de entregarse a brazos extraños, huyó como pájaro que escapa de su trampa.
¿Cómo es que José no perdió el timón de sus pasiones, normales y naturales? José tenía una mentalidad de santidad y no pensaba rebajarse. Primero, esa mujer no es su tipo. Segundo, no le gustan las de segunda mano. Tercero, no quiere ser infiel a la mujer que está por venir. Y cuarto, ama apasionadamente al Señor, pero también le teme reverentemente.
Este majestuoso despliegue de santidad le costó ser acusado de acoso sexual. Y debido a las influencias de Potifar, quien creyó a su mujer a toda costa, fue inmediatamente encarcelado. Pero José, sin el menor resentimiento por la justicia, aprovechó su estadía en la cárcel para completar su entrenamiento en excelencia de servicio, pues una cosa es servir con altos recursos y otra con escasos recursos. Y así termina el capítulo 4 “José aprende a decir no”.
A muchos días de estar encarcelado, José empieza a imaginar con la inesperada aparición de una mujer arrepentida en polvo y cenizas, y que debido a la persecución de su conciencia, viene a aclarar la cuestión. Pero no. Había otra lección que aprender. Y comienza con el sueño de su compañero de prisión. José escucha el sueño, y se llena de doble gozo. Primero, porque bendeciría a alguien usando su altísima comprensión de sueños y revelaciones. Y segundo, porque el soñador era, nada más y nada menos, el coopero del rey; es decir, alguien muy cercano al entorno gubernamental, y quién sabe si podría abogar por él. Por eso, después de declararle la interpretación del sueño, le dice: “Mira, una vez libre, no te olvides de mí” (Gen 40:14). Pero saben, el coopero una vez libre y repuesto a su cargo, se olvidó inexplicablemente de José. Pero esto no es fortuito, es una escena del capítulo 5: “José aprende a manejar sus traiciones”.
¿Qué habría ocurrido si este ex compañero de cárcel se acordaba de José? Quizá habría logrado la excarcelación de José y un puesto de asistente, pero del coopero. Por eso, al ser olvidado, su sexto sentido de José le decía que algo aún más grande le espera.
De pronto el rey tiene dos sueños, y ninguno de sus adivinos logra ni siquiera raspar el borde de una auténtica y satisfactoria interpretación. El coopero se entera de ello, y frente a su desesperación por encontrar alternativas, un viejo recuerdo le viene a la mente: José y su habilidad para descifrar sueños. El rey, convencido por el testimonio del coopero respecto a los dotes de José, decide citarlo a su despacho.
José descansaba en su celda, luego de una jornada de duro trabajo. Hace poco que había cerrado los ojos. Entonces el carcelero le llama abruptamente y le dice: “Tenemos 15 minutos para transformar tu aspecto físico, pues tienes una cita con el rey”. José, mira al cielo y hace una sonrisa, se llena de gozo y guiña el ojo al Señor, se levanta e inmediatamente se alista y se deja alistar para su gran cita.
José llega a su cita, escucha el sueño y lo interpreta magistralmente. El rey no sólo quedó satisfecho con la interpretación y el corazón devuelto, sino que inmediatamente asume que un espíritu superior habita en José. Al segundo instante, el rey toma una decisión: nombrar a José como su primer ministro y ministro de economía y finanzas. Y así acaba la película con el capítulo 6 “José entra a su momentum”.
El potencial de José es interpretar sueños, pero es insuficiente para alcanzar su destino. También necesita carácter, y lo forjó bajo un duro entrenamiento, hasta que llegó su momentum. Y cuando le llegó, estaba lo suficientemente preparado para atraparlo y no dejarlo ir.
Las circunstancias inesperadas y vientos contrarios antes del momentum no lograron desanimarlo; es que José ya había visto el final de la película.Etiquetas: Artículos
Calibre de un amigo
por Justo Llecllish M.
 El buen amigo con nostalgia recuerda y evoca: ¡Qué maravilloso es la amistad! El mal amigo bate su cabeza y dice: No creo que existan verdaderos amigos. Y es que sólo los verdaderos amigos hallan amigos. He conocido varios grupitos de amigos. Caminaban juntos, oraban juntos, y hasta predicaban juntos. Pero luego de no mucho tiempo, ni querían verse ni soportaban oír sus nombres. Al entrevistarlos, cada uno decía ser la víctima. Y qué triste era ver cómo sus ministerios perdían altura, arándolos de manos su concentración en defender sus inocencias.
Fidelidad incondicional ¿Por qué se frustra una amistad? Unos dicen: Es que el otro me falló. Otros, más sinceros, argumentan: Yo le fallé. Pero ambas no son más que excusas egoístas y caprichosas. De Jesús, el más excelente de los amigos, aprendemos algo muy simpático y loable. Él y Pedro eran amigos. Pero Pedrito le falló. Pero no por eso Jesús hizo lo mismo. ¡No! ¿Por qué? Porque el buen amigo es fiel aunque sean infiel. 2Ti.2:13 La excusa egoísta de “seré fiel mientras me sea fiel” tiene que ser desarraigado del discípulo de Jesús. El cristianismo exige líderes fieles; no revanchistas ni vengativos. Ya basta de fidelidad condicional e interesada. ¿O acaso Jesús le respondió con la misma moneda a Judas? … Creo que todos quisiéramos tener amigos de este calibre. Y si tú y yo somos fieles aunque nos sean infieles, también nos serán fieles aunque les seamos infieles, porque lo que se siembra se cosecha.
El perdón en secreto ¿Por qué se frustra una amistad? Dada nuestra imperfección tendemos a ofender. Es casi imposible hallar a alguien que no haya ofendido a otros con sus labios. Y no sería nada raro que entre amigo se ofendan. Stgo.3:2 Las ofensas entre amigos o consolida o destruye la amistad. Cuando aprenden a soportarse y a perdonarse se consolida. Y se destruye cuando el resentimiento y el engreimiento señorean. Hay momentos cuando nuestros amigos nos ofenden y ni siquiera saben lo que han hecho. Ante ello, no debemos ni ignorar tal sentimiento ni guardar rencor. En lugar de enfrentarlos y hacerles conocer que estamos ofendidos (sugiriéndoles que nos pidan perdón); y en lugar de quitarles el habla (y así demostrarles nuestro resentimiento), debemos perdonarlos. Pero en secreto. Es decir, sin que sepan que nos han ofendido, mucho menos que les hayamos perdonado. Bíblicamente hablando: “Siendo benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor”. Ef.4:2,32 Los líderes, debido a su relación con otros, tienen que aprender a perdonar en secreto. Si no lo hacen, poco a poco irán acumulando resentimiento. Su resentimiento acumulado se hará raíz de amargura. Y creyendo que está actuando correctamente, inconscientemente comenzará a destruir al que le ofendió (su amigo) y su ministerio será poco fructífero (por no decir nada) Una vez escuchaba lo que un líder decía de su consiervo. Lo criticaba y se oponía a todo cuanto él sugería. Así que decidí hurgar a partir de lo que hablaba. Y tanto lo provoqué que comenzó a recordar todas las ofensas que éste le hizo en el pasado. Cada una de ellas eran ridículas e insignificantes cosas: No me saludó, no mencionó mi nombre, no reconoció mi labor, etc. Y me di cuenta que pasando por alto la necesidad de perdonar cositas así, permitió que éstas se acumulen una a una. También, que su conducta actual se debía a una sobresaturación de cositas ridículas e insignificantes. Hay una actitud muy buena en la mayoría de líderes cuando oran. ¿Cuál? Piden perdón por todos sus pecados y errores cometidos. ¡Y está muy bien! Pero el Señor también desea que recordemos las ofensas que nos han hecho; y que comencemos a perdonar uno por uno a los que nos ofendieron(clave para evitar que se acumulen). Sólo así nos levantaremos de orar, perdonados y habiendo perdonado. Y si nos encontramos con los que nos ofendieron, y no piden perdón, le diremos: Ya te perdoné, un momento después que me ofendiste. Mar. 11:25,26. Creo que todos quisiéramos tener amigos de este calibre; y si tú y yo aprendemos a perdonar en secreto, nuestros amigos también nos perdonarán en secreto; porque lo que se siembra se cosecha.
La sana admiración ¿Por qué se frustra una amistad? No te será novedad saber que uno y otro líder están enfrentados. Y ojalá tampoco lo sea saber que antes eran grandes amigos. Pero lo que debes comprender es que podrías enredarte en una situación así con tu amigo. Felipe y Juan. Son buenos amigos. Oran juntos. Ministran juntos. Felipe está muy agradecido con Juan; de su ayuda espiritual y material jamás se olvidará, dizque. Juan está muy contento de ayudar a su amigo. Felipe admira mucho a Juan; su entrega, su pasión, lo desafía. Juan poco a poco, consolida un ministerio muy influyente; también otras bendiciones: dinámica familia, hermosa casa, lindo auto, y próspera economía. Felipe admira todo ello…Pero algo sucedió. Hay una transición en sus sentimientos. Se están entremezclando. ¿Qué pasa? …Ahora Felipe se muestra no muy cooperador. El que comía en la mesa de Juan comienza a criticarlo; en su cara y a su espalda. ¿Qué pasó? Lo comenzó a envidiar y la guerra fue declarada. Stgo.4: 1,2. ¿Conoces historias como ésta? Yo conozco muchas. En cada una de ellas veo qué fácil es pasar de admirar a envidiar. Puedo observar cómo la envidia sutilmente desplaza a la admiración, y pudre una amistad. El buen amigo permite que el Espíritu Santo examine su mente y su corazón. Y cada vez que detecta que la envidia está desplazando a la admiración, los confronta a tiempo: Confesándolo y practicando el verdadero amor. Y todo por amor a Cristo y a su obra. Creo que todos quisiéramos amigos de este calibre; y si tú y yo preferimos admirar a nuestros amigos, en lugar de envidiarlos, de seguro ellos harán lo mismo con nosotros; porque lo que se siembra se cosecha.
Para Recordar El amigo es fiel, aunque le sean infieles... El amigo perdona, y perdona en secreto... El amigo prefiere admirar que envidiar... El que quiere tener amigos de este calibre, primero no deberá ajustar su propio calibre, y los hallará.Etiquetas: Artículos
Motivaciones interdependientes
por Justo Llecllish M.
 El Señor mira, no lo que hacemos, en sí mismo, sino lo que hay detrás de lo que hacemos; es decir, nuestras motivaciones. La motivación es un ingrediente del fundamento que nos impulsa emprender proyectos, grandes y pequeños. Si mi motivación es o de oro, o de plata o de piedra preciosa, cuenta con el favor de Dios, y la tormenta no podrá derribar mi construcción; mas bien la fortalecerá. Pero si fuere de madera, heno u hojarasca, no cuenta con el favor de Dios, y la más insignificante chispa podrá convertirla en ceniza (1 Cor 3:12).
David es un ejemplo claro de motivaciones. Día tras día buscaba que sus motivaciones sean correctas y agradables a Dios (escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.). ¿Qué construyó? : un imperio poderoso y una dinastía de 400 años; a pesar de…
Motivaciones correctas Hay tres motivaciones interdependientes que deberían estar detrás de cada acción nuestra. Digo interdependientes porque la una no tiene razón sin lo otras.
Mencionemos estas tres motivaciones: 1. Glorificar a Dios (oro), 2. Realización Personal (plata), y 3. Servir a otros (piedra preciosa).
Recuerda: cada una no tiene razón sin las otras dos.
Si anhelas hacer algo para servir a otros, cerciórate de que glorificará a Dios y que te llevará a una realización personal. Si deseas hacer algo por motivos de realización personal, asegúrate de que Dios será glorificado y que significará un servicio a los además. Si aspiras hacer algo para glorificar al Señor, certifícate de que será un servicio al prójimo y que te llevará a una realización personal.
Matemáticamente, diríamos: Glorificar a Dios = Servicio + Realización Personal. Servicio = Glorificar a Dios + Realización Personal. Realización Personal = Servicio + Glorificar a Dios.
Cada ser humano ha sido creado para glorificar a su Creador, mediante una relación personal. Y le ha sido depositado potencialidades, que, si los realiza, poniéndolo al servicio de los demás, experimentará un sentido real de existencia (realización personal).
De ninguna manera glorificar a Dios es lo opuesto a realización personal. Muchos creen que para glorificar a Dios tienen que olvidarse de su realización personal. Hasta creen que eso significa negarse a sí mismo. Cuando alguien cuenta que tuvo que enterrar sus sueños personales por causa del Señor, realmente no ha enterrado los sueños de su vida. Lo que exactamente ha enterrado son sueños egoístas, sin trascendencia, mal concebidas y poco significativas. Y no le está haciendo un favor al Señor. Mas por el contrario, se hace el favor a sí mismo, por cuanto ahora ya tiene los sueños que lo llevarán a una verdadera realización personal.
Una mirada a la vida y ministerio del más cotizado de los primeros apóstoles, Pablo, puede comprobar lo que acabo de afirmar. Tiempo después de encontrarse con Cristo, dijo: ay de mí sino predico el evangelio; me es impuesta necesidad ( 1 Cor 9:15). Y no lo dijo con el acento de un miserable esclavo de Jesucristo, sino como alguien que ha encontrado EL TODO de su vida. Él lo expresaría así: si no lo hago, moriré frustrado; es mi vida, no me lo quiten.
La voluntad de Dios Discernir la voluntad de Dios es sinónimo de evaluar las motivaciones. Algo es la voluntad de Dios, agradable y perfecta, siempre y cuando: glorifique a Dios, te lleve a una realización personal, y sea un servicio a los demás. Si sólo consideras el glorificar a Dios; debido a que es un poco subjetivo, podrás equivocarte fácilmente, emprendiendo proyectos para servirte de los demás. Y peor aún, hasta podrías enredarte en proyectos para los que no naciste. Resultado: frustración (potencialidades sin estrenar) y vergüenza (dirán los burladores ¿no te mandó Dios hacer tal cosa?).
Algunos retos Dicho esto, nos queda algunos retos. Una de ellas es “sacar tu potencial”. Como que tenemos una mina dentro. Para el intelectual su mina está en su cerebro; para el artesano, en sus manos; para el futbolista, en sus pies; etc. Pero, igual, vivirás frustrado, a menos que explotes tu mina. ¡Y he allí el detalle!
Nuestro padre celestial cuando dice “¡no harás esto!”, “¡no harás aquello!”; no lo hace con el fin de hacernos difícil la vida, ni mucho menos anularnos. Lo hace con el fin de que nuestro potencial no se eche a perder. Sus “no harás esto” están diseñados para hacer presión sobre nosotros, de tal manera que nuestro riquísimo potencial salga a luz.
El segundo reto es “servir a otros”. Todo el qué-hacer humano que no incluya este ingrediente, no tiene valor espiritual. Los que empiezan negocios para sacar dinero a la gente, y no para servirles, al pasar los días terminarán cansados y frustrados. Es que no es un asunto de forma, sino de fondo: la motivación (lo que realmente Dios mira, y según la cual prospera, a través del tiempo y el espacio).
El que no sirve a otros, nunca tendrá un sentido real de existencia. El cree que no puede ni debe servir a otros, porque tiene muchas cosas personales pendientes (cuidar su vida), al final sentirá que no ha vivido (perderá su vida). Mas el que sirve a otros (da su vida), al final se verá realizado (hallará su vida). ¿Entiendes ahora por qué nuestro Señor dijo eso a sus discípulos?
El hombre y mujer que, por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, explote su potencial y los sirva a los demás, sin lugar a dudas hallará su realización personal y al Señor su Dios glorificará. Amén.Etiquetas: Artículos
Las chicas fueron mi fracaso
por Justo Llecllish M.
 ¿Cuándo las chicas, es decir, una relación sentimental, nos conlleva fracaso? Antes de continuar, debo aclarar que las razones expuestas, involucra tanto a chicos y chicas.
Cuando sepultan tu visión Cuando vemos a un joven con un fino oído musical, una cálida y modulada voz, una sazonada inspiración, y con sueños de hacer grandes cosas para Dios, y, además, intrépido en Dios, estamos viendo a un gran autor, compositor y cantante. ¡ Ése es su potencial! ¡Hasta allí podría llegar! Hay, al por mayor, jóvenes que sueñan con ser grandes y hacer grandezas. Pero muy pocos llegan a serlo y hacerlo. Seguramente que Pepito conoció a una señorita. Le gustó, y se gustaron. Se enamoraron. Invites por aquí, invites por allá. Que vayamos a caminar, a pasear. Poemitas, versos, etc. ¿ Y sus sueños? ¡¡ Se ahogaron en su romanticismo!!. Pero, como concretaría sus sueños si todo el día estaba pensando en ella, y muy poco en cómo mejorar su ministerio. Cómo, si toda su creatividad lo usaba para enriquecer su relación sentimental. Cómo, si con sacrifico apartaba tiempo de su recargada agenda (llena de citas con su enamorada) para ensayar con el grupo. Cómo, si todos los días su mente imaginaba los próximos días, al lado de ella. Cómo, si todo su talento lo explotaba para hacerla reír y verla feliz. Cómo, si su inteligencia estaba dedicado a diseñar su futura vida de casado. Cómo, si toda su fuerza juvenil lo invertía en serle lo más atractivo posible. Cómo, si con dolor invertía dinero en su ministerio y con pana cancelaba las facturas que la camarera le alcanzaba…¡ Cómo, pues no va a fracasar con tal estilo de vida! No trato de convencerte de que no te debas tener enamorada (salvo que Dios te haya provisto del don de continencia) Tampoco de que no tienes derecho a cultivar una agradable e interesante relación sentimental. Si no, que, así como te prestas para lo uno préstate par lo otro. También usa tu creatividad, energía, tiempo y potencia, para enriquecer y ejercer cada vez mejor y efectivo servicio para Dios.
Cuando pierdes tiempo y terreno Supongamos que Juanito haya usado 5000 horas exclusivamente para cultivar una relación sentimental. Y que después de llegar a la conclusión de que ella no era la mujer de Dios para él, y para asegurar a su futuro decidió terminar dicha relación ¿Qué consecuencias tendrá que manejar luego?. Primero, ha perdido 5000 horas, y jamás podrá recuperarlos; segundo, tiene 5000 horas de retraso sobre su pista ministerial. Muy bien pudo usarlo para proyectar su ministerio y recorrer hasta determinado punto del total de su carrera. Claro que podrá continuarlo; pero ya ha perdido y se ha retrasado 5000 horas. Y sus consecuencias hubieran sido más terribles aún, si terca y locamente hubiese luchado por convencerse de que estaba con la mujer correcta siendo evidente su equivocación. (1Cor 9:26) Esta pequeña historia nos enseña que una pequeña equivocación nos ocasiona pérdida de tiempo y retraso. Un acierto, una inversión, pero con algunas decenas de retraso, salvo que hayamos impedido que ésta trunque nuestro potencial y ahogue nuestra visión. Por lo cual los jóvenes tenemos que tomar en serio una relación sentimental. Y tomarlo en serio no siempre significa tener “buenas y sanas intenciones”. Si queremos agradar al Señor y ser fructíferos y en nuestro servicio, pongamos en nuestra mente y corazón que no tenemos tiempo para jugar. Y que los juegos se cosechan fracasos en el ministerio.
Cuando arruina tu imagen Estar jugando con los sentimientos ajenos, conciente o inconscientemente (el que tiene oídos para oír, oiga esto claramente), no sólo ocasiona pérdida de tiempo y retraso en la carrera. Pierde seriedad, reputación y confianza de los adultos. Generalmente los adultos entienden poco a los jóvenes por esto mismo. Y tienen razón por cuanto no les damos ejemplo en conducta y pureza. Pues, ¿ cómo podrán confiar en picafloreros y vaciloneros, que sin importarles hieren los sentimientos de una y otra “inocente”?. La historia guarda docenas de jóvenes que se portaron así. Unos aparecen como los derribados en la pista de sus carreras ministeriales. Otros, en la lista de los “ no gratos” para muchas Iglesias. Pero, y gracias sean dadas a Dios, ahora mismo el Señor está levantando una nueva generación de jóvenes serios y confiables, sin que dejen de ser jóvenes. Y allí, quiera Dios, estamos tú y yo. La palabra de Dios enseña que tenemos que buscar a nuestra mujer virtuosa, pero eso no significa que hay que “barrer” con todas las chicas que se nos cruzan, hasta hallarla. (Prov.31: 10)
Cuando no te preparaste Cuando abandonaba mi adolescencia, yo ya era un predicador. Una y otra Iglesia me invitaban para predicar. En una de esas, luego de terminado el culto, muchos se me acercaban a saludarme, a animarme, a exhortarme, a interrogarme, etc. Recuerdo que entre tantas, una hermanita, de las que nunca faltan, aquellas que tienes pinta de profetizas, que hablan como teniendo autoridad, se me acercó, y mirándome muy firmemente a los ojos, empezó a recitarme citas bíblicas. Luego de darme el tercer versículo, me abrazó y comenzó a animarme. Mi corazón grababa cada palabra suya, hasta que presioné stop. Y es que me rehusé a almacenar su última frase: “¡olvídate de las mujeres!”, aunque si las escuche atenta y educadamente. Creo que no soy el único que no ha sido exhortado con esa frase. Y los que han tomado en serio esas palabras, como del Señor, han tenido serios problemas. Y es que decidieron olvidarse, y realmente se olvidaron. Y cada vez que les hablaban de ese tema, decían “ soy bastante joven para pensar en eso”. Para ya bastante avanzaditos, de pronto se dieron cuenta que estaban solos. Entonces, comenzaron a buscar sus idóneas. Entablaron una relación sentimental, y perdieron la cabeza. Y como no van a perderla, pues no se prepararon ni intelectual, ni emocional, ni siquiera oraron por sus idóneas, pues creían que Dios les caería con latigazo. Muy bien se prepararon para evangelizar, echar fuera demonios y declarar asuntos teológicos; pero no para manejar una relación sentimental y todos sus factores, o al menos adquirir una comprensión teórica. Si no nos preparamos, lo más probable es que procedamos intuitivamente o siguiendo los patrones de la televisión, y fracasaremos. (2Tim.3:16,17)Etiquetas: Artículos
Sabiduría de labrador
por Justo Llecllish M.
 ¡Que un cristiano dé frutos, no es un milagro! Dios lo ve como un árbol, y lo más natural es que ésta lleve fruto. Pero, ¿por qué a veces sucede lo contrario? Nada mejor que pensar como labrador para responder esta pregunta.
Labrador indicado. La primera interrogante que un labrador se hace es: ¿Soy el labrador que este árbol necesita?
Cada labrador tiene una especialidad. Los especialistas en manzanas no necesariamente lo son en las uvas. Hay quienes tienen mucha habilidad para los olivos, pero son un desastre cuando tratan con limones. En la iglesia también hay especialistas. Los hay con pandilleros, universitarios, empresarios, etc. ¡Ni modo que todos tengan todos los llamamientos! (1Ped 4:10).
Tierra correcta. ¿Qué otra cosa se pregunta un labrador? Seguro que diría: ¿está este árbol plantado en la tierra correcta? Porque cuando un creyente no está plantado en la tierra adecuada, no sólo es raro que no crezca, sino que no lleve fruto.
Cada geografía sirve para un tipo de planta. Hay plantíos que se mueren en la sierra, sobreviven en la costa, pero fructifican en la selva. Aunque también depende de cuán enraizados están; es decir, cuán involucrados y comprometidos están con la visión y misión de su iglesia local.
Tiempo calendario. Si a esta altura el labrador no ha dado en el blanco, agregaría esta pregunta: ¿Pero es tiempo de fruto para este árbol? ¡Porque no se puede esperar fruto los 365 días del año! Los árboles dan fruto a su tiempo (Sal 1:3). Unos lo hacen en verano, otros en invierno, otros en primavera, etc. Labrador que pretende encontrar fruto fuera de su tiempo es un necio o un hombre de mucha fe.
También es una necedad querer cosechar manzanas del árbol de peras. En palabras simples: obligar a la gente a hacer y lograr cosas que el Señor no los ha llamado a hacer ni lograr. Persistir en ello, no sólo frustra a los creyentes, también a los propios líderes. Definitivamente pueden y deben fructificar, pero cada uno conforme a su llamamiento.
Agua necesaria. La siguiente cuestión de un labrador será: ¿Está este árbol recibiendo la cantidad de agua necesaria? Porque un árbol plantado junto a corrientes de aguas, es más que feliz. Da su fruto a su tiempo, su hoja no cae, y todo lo que hace prospera. Sal 1:3
Cuando pienso en la tecnología que el hombre ha inventado para llevar agua al desierto, viene rápido a mi mente la creatividad que los líderes debemos usar para conectar a la gente con la palabra de Dios. El púlpito no es la única; quizá sí la principal.
Si ves un árbol seco, marchito, y con unas cuantas ramas, ¡cuidado! A tus ojos ese árbol ya no sirve. Pero a los ojos de un labrador, aún tiene esperanza. Él dice: “Lo único que necesita este árbol es un buen riego. Aún tiene raíces, y una vez que éstas beban del agua, resucitará el árbol” (Job 14:7-9).
Poda oportuna. También todo labrador se preguntaría: ¿Cuándo fue la última vez que podé este árbol?
Los creyentes necesitan ser podados; es decir, despojados de todo peso y pecado que los asedia (Heb 12:1). Cuando no los podan, se sobrecargan, se enferman, se lesionan. Pero cuando los podan, no sólo aumentan la cantidad y calidad de sus flores y frutos, también adoptan posiciones favorables de salud divina.
Hay una poda natural. El viento, el hielo, la nieve (las pruebas) y la carga excesiva de frutos (ciclo ministerial) lo llevan a cabo. Cuando esto sucede, dejan lesiones o heridas que se cicatrizan al ritmo de su aprendizaje. Pero cuando alguien (su líder) los poda, evita su putrefacción y favorece una rápida cicatrización.
¡No se trata de podar por podar! La poda excesiva puede ocasionar que el tronco y las ramas sufran quemaduras debido al sol. La poda en verano estimula la producción de flores y frutos. La poda en invierno, de hojas y ramas. ¿Qué quieres ver en tus discípulos?
La poda de ramas y arbustos estimula la producción de madero o de tallos (para construir ministerios). La poda de raíces (tradiciones, patrones arcaicos) reduce la producción de madera, pero estimula la formación de frutos.
Injerto ideal. Si con todo esto el árbol no echa fruto, el labrador dirá: ¡Injértenla!. Es decir, tomar a dos hermanos y constituirlos en sociedad espiritual y ministerial. El objetivo: combinar sus características valiosas. El resultado: fruto, más fruto, mucho fruto (Jn 15:2,5).
Los injertos contrarrestan el enanismo espiritual. Incluso ayudan en el desarrollo de resistencia ante pruebas y habilidad de huir en tentaciones. Los mejores ejemplos son las duplas divinas: Pablo-Bernabé; David-Jonatán, etc.
Concluyamos. Afuera y adentro hay gente que necesitan de un cultivador especialista. Alguien con fortaleza del cielo para replantarlos en otras tierras, si es necesario. Alguien con ojo profético que les diagnostique cuando no echan fruto. Alguien con los sentidos encendidos para guiarlos hasta su máxima expresión de utilidad. Alguien con tacto amoroso para enderezarlos cuando se tuercen. Alguien con olfato divino para aconsejarlos según sus ciclos vitales. ¿Quién dijo “heme aquí”?Etiquetas: Artículos
Dupla divina
por Justo Llecllish M.
 Hasta ahora muy pocos mortales han descubierto el enorme poder y privilegio de “caminar con otro”. Me refiero al arte de cultivar relaciones horizontales sólidas y con propósito. Relaciones no de tipo padre-hijo, sino hermano-hermano.
Por qué fracasa una dupla. Creo que Dios quiso que Abel y Caín caminen como una “dupla”. Mas Caín, dominado por su envidia, mató al que sería su socio de conquista.
Algo similar ocurrió entre Jacob y Esaú. Este último, debió respetar “su palabra” después de vender su primogenitura. Mas, dominado por su irresponsabilidad, persiguió a su dupla de conquista. Otra historia se dibuja en la parábola del hijo pródigo. Cuando éste volvió a casa, su hermano mayor debió sumarse a la súper recepción. Mas escogió consumirse de envidia. ¿Qué aprendemos de todo esto? Primero: No mates a tu dupla. Segundo: No persigas a tu dupla. Tercero: No envidies a tu dupla.
Por qué triunfa una dupla. Veamos otras duplas que sí lucharon por su relación y tuvieron un ministerio triunfante. Moisés-Aarón es un caso. Todos sabemos que el uno y el otro interdependieron muy singularmente. ¡Ni el incidente del becerro de oro los separó! Josué-Caleb es otro vivo ejemplo. El uno fue la fortaleza del otro, frente a una multitud en desacuerdo. Otra dupla es David-Jonathan. Este último sabía que legalmente le correspondía la corona. Pero también sabía qué había Dios determinado al respecto. ¡Y no se pelearon por una corona! El binomio Pedro-Juan es otro. ¿Se acuerdan del celo que sentía Pedro por Juan? Fíjense que finalmente aprendieron a dejarse de niñerías y ministraron como dupla. Pablo es todo un caso. Inicialmente caminó con Bernabé; luego con Silas. ¿Qué aprendemos de todo esto? Primero: Dos son mejor que uno. Segundo: Andar en dupla es un signo de verdadera madurez. Tercero: Una corona no vale más que una relación.
Bendiciones de las duplas. El chasquido de tu don con el de otro, multiplica la efectividad. La combinación de tu ministerio con el de otro, resulta en una reacción ministerial única y singular. Si ministras sólo, tu máximo potencial es mil. Si ministras en dupla, tu potencial se multiplica a diez mil. Dt 32:30 ¡Ahora entiendes por qué Jesús envió a sus discípulos a predicar de dos en dos? Lc 10:1
El que tiene su dupla enfrentará mejor sus conflictos y raros sentimientos. Rice Broocks dice que después de echar fuera un demonio, va y busca siete hermanos suyos. Cuando el demonio vuelve con siete espíritus peores que él, Rice lo enfrenta con siete hermanos. ¡Aleluya! ¡Buenas relaciones son tu fortaleza!
Principios para duplas. Principio de liderazgo. En cada dupla, aunque los dos tienen una relación horizontal, siempre hay un líder. En la mayoría de las duplas registradas en la Biblia, el “hermano menor” es el líder. Un repaso de la historia bíblica confirma este punto. Es que “el mayor servirá al menor”. Rom 9:12
¿Cuándo una dupla fracasa? Cuando el uno no reconoce la gracia y unción en su hermano para liderar la dupla. Los once hijos de Jacob no reconocieron el liderazgo de José; mas bien lo vendieron (¡no vendas a tu dupla!). Jonatán, en cambio, a pesar de que legalmente le correspondía la corona, cooperó con el que había sido llamado por Dios para tomar la corona.
¿Cuál fue la diferencia entre los hermanos de José y Jonatán? Los primeros conocieron a José en la carne; en cambio Jonatán conoció a David en el espíritu. Los primeros buscaban una relación puramente carnal; Jonatán escogió una relación fundamentalmente espiritual. Lección: ¡Es más fácil llevarse bien en la carne, que en el espíritu! 2Cor 2:16-17
Principio del acuerdo. Jesús dijo que si dos se ponen de acuerdo respecto a algo en la tierra, inmediatamente habría un efecto del cielo a la tierra. ¿Pero si andas sólo, con quién con quién te pondrás de acuerdo? Mt 18:19 El acuerdo es la única manera para traer la voluntad de Dios a la tierra. ¡De allí que el diablo lucha porque los cristianos no estemos de acuerdo! Una dupla sólo es posible, si son capaces de estar de acuerdo. Am 3:3
Principio de la verdad. En una dupla, nada es verdad para uno a menos que también lo sea para el otro. De ese modo, el uno se somete al otro. No de manera vertical, sino horizontal. Nm 35:30 Ef 5:21
Principio del ritmo. En un grupo, el uno jala y/o empuja al otro. En una dupla, los dos caminan juntos. En un grupo, el uno se complementa con el otro. En una dupla, el uno se multiplica con el otro. En un grupo, los demás se casan con la visión del líder. En una dupla, los dos están casados con la misma visión.
Antes de terminar. Hay dos conquistas clave para toda persona. Primero, someterse verticalmente (Heb 13:17). Segundo, someterse horizontalmente (Ef 5:21). Los más destacados han aprendido lo primero. Y de ellos, contados con las manos lo segundo. ¿Dónde estás tú?
Querer saber quién es tu dupla, no debe quitarte el sueño. Creo que tu dupla está más cerca de lo que te imaginas. Sólo tienes que abrir tus ojos y reconocerlo y caminar juntos. De doy una pista: Lo ves como un hermano; no como un padre.Etiquetas: Artículos
Liderazgo de ida y vuelta
por Justo Llecllish M.
 Todo visionario hace un liderazgo de ida y vuelta. De IDA, cuando dirige la ejecución de un proyecto. De VUELTA, cuando ministra a los que colaboran en dicho proyecto. El primero tiene que ver con el proyecto en sí; el segundo, con las personas que ejecutan el proyecto.
Liderazgo de ida. Tú haces un liderazgo de ida, cuando orquestas los dones y talentos de tu equipo, con el firme objetivo de cristalizar un plan. En esta dimensión, tu papel es básicamente el de un gerente. Con tu ojo derecho, ves la visión y los planes; y con el izquierdo, los logros y conquistas. Con tu oído derecho, escuchas la voz de Dios; y con el izquierdo, la sabiduría de la multitud de consejeros (tu equipo). Con tu mano derecha, delegas tareas; y con tu mano izquierda, supervisas tareas. Un día, presionas para realicen sus funciones; otro día, presionas para que lo hagan con excelencia. En la mañana, encausas el activismo; en la tarde, exiges resultados; y en la noche, los sacas de la pasividad.
Liderazgo de vuelta. Cuando haces un liderazgo de vuelta, velas por la vida de los miembros de tu equipo. Aquí, bajas tu velocidad de ejecutor de hazañas, y te concentras en los que están a tu alrededor. Les das su verdadera identidad. Les llamas como no son para que lo sean; y los tratas como si fueran lo que deberían de ser para que lo sean. Escuchas sus errores sin reproches. Cubres sus pecados sin implicarte ni complicarte. Los levantas cuando caen. Los confrontas cuando se relajan. Los enciendes cuando se apagan.
Su influencia. Un equipo se hace por un liderazgo de ida; pero se deshace, por falta de un liderazgo de vuelta. Si el líder ministra a sus colaboradores, de grupo se convertirán en equipo; de conflictivos, en cooperativos; de divergentes, en convergentes; de críticos absurdos a polémicos inteligentes. Si de vez en cuando el líder no hace un liderazgo de vuelta, sus colaboradores de grupo se convertirán en dispersos; de conflictivos, en pelea riñes; de divergentes, en divididos; de críticos, en maldicientes.
El liderazgo de ida es deficiente porque el liderazgo de vuelta es deficiente. ¿Por qué un líder ve poco resultado en su gestión? Porque cuando comunica los nuevos ajustes, su equipo no logra oírla. Porque cuando da nuevas instrucciones, el indicado para hacerlo apenas escucha palabras entrecortadas. Todo, simplemente porque entre él y su equipo se ha creado una brecha. Por el trajín y la presión, el equipo ha perdido el ritmo y compás de su líder. Lo que el líder debe hacer es: detenerse y ministrar a su equipo. Una vez fortalecido el débil y curado el perniquebrado, nuevamente debe hacer un liderazgo de ida. Y para prever cosas y casos, frecuentemente deberá hacer un liderazgo de vuelta.
No se puede hacer un liderazgo de ida, si primero no se ha hecho un liderazgo de vuelta. Nadie aceptará tu autoridad, si primero tu ejemplo no lo ha impactado. Ninguno ejecutará tus instrucciones, si primero no haz llorado con ellos. Nadie recibirá tu presión, si primero no has invertido tu vida en ellos. Ninguno obedecerá contra sus propios gustos y colores, si primero no les haz dado lo mejor de ti. Nadie abrazará tu visión, si primero no les haz dado una razón de vida.
El liderazgo pierde su propósito cuando sólo es de vuelta; o cuando sólo es de ida. De nada sirve tener a tu equipo con las patas sanas y no alcanzar un destino (prefiero alcanzar un destino, aunque tenga que quedarme sin una pata). ¡Pero un líder conforme al corazón de Dios, curará las patitas quebradas para, juntos como un solo hombre, conquistar un destino!
Parece que es más fácil hacer un liderazgo de vuelta que un liderazgo de ida. Un ejemplo clásico es Moisés. Mañana, tarde y noche estaba haciendo un liderazgo de vuelta. Varios años de su ministerio vivió creyendo que ese era el llamamiento que había recibido. Pero después aprendió que eso era sólo una mitad de su papel como líder.
La necesidad de la gente es de pan y agua espiritual, pero también de trabajo. Moisés, luego de conversar con su suegro, aprendió ese detalle. Comprendió que serviría a los más destacados, dándoles trabajo (liderazgo de ida); y a los menos destacados, alcanzándolos a través de ese trabajo.
Timoteo fue lo que fue, porque recibió de Pablo un liderazgo de ida y vuelta. Su preparación no se circunscribió entre lo teórico y práctico. Fue más que eso. Timoteo no sólo estuvo expuesto a la poderosa palabra y rica sabiduría del gran apóstol (liderazgo de vuelta); sino también a la presión y exigencia que implicaba colaborar con el ministerio de Pablo (liderazgo de ida).
Todo hombre de Dios quisiera estar con uno y otro, para ministrarlos, bendecirlos, ayudarles a sacar sus potencialidades y conquistar sus destinos. “¿Qué puedo hacer; me falta tiempo!”, es la clásica pregunta. La respuesta es sencilla: Tú no estés con ellos; que ellos estén contigo. Es decir, que caminen contigo. Que te ayuden a conquistar planes. Que te sirvan con una y otra cosa (liderazgo de ida). Mientras están a tu lado, escucharán consejo, sabiduría, y palabra (liderazgo de vuelta). Y si son fieles contigo, al final se van a graduar de realizados.Etiquetas: Artículos
Multitudes sin pastor
por Justo Llecllish M.
 Nuestro país, y toda Latinoamérica, está poblado mayormente por jóvenes. Si Jesús hubiera caminado por nuestras calles, Mateo lo habría reportado así: Jesús, al ver a la multitud de jóvenes, tuvo compasión porque andaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor. Mt 9:35-38
Cuando esas multitudes se reúnen en un estadio para ver a su equipo favorito, tú puedes verlos o como una racha de fanáticos o como un pueblo que quieren sentirse, aunque sea por unos minutos, triunfadores. Cuando esas multitudes se reúnen en un auditórium alrededor de su estrella preferida, tú puedes verlos o como una tira de románticos y soñadores o como personas que quieren sentirse, aunque sea por unos minutos, importantes y amados. Cuando esas multitudes se reúnen en las más sofisticadas pistas de baile, tú puedes verlos o como una sarta de vagos o como seres que quieren sentir, aunque sea por unos minutos, que están viviendo. Cuando esas multitudes se reúnen en pandillas para cometer un asalto, tú puedes verlos o como una tribu de degenerados o como un ejército que quieren sentirse, aunque sea por unos minutos, verdaderos héroes. Cuando esas multitudes se reúnen en salones de clases, tú puedes verlos o como estudiantes actualizando su información o como gente preparándose para un futuro incierto. Cuando esas multitudes se reúnen en foros y debates, tú puedes verlos o como élites buscando alternativas a problemas sociales o como ciudadanos diseñando cómo sobrevivir en la lucha de la vida.
¿Cómo los habría visto Jesús?… Como multitudes, desamparadas y dispersas, sin pastor. Es decir, como gente sin fuerza, yendo hacia la nada, motivados por el deseo de sobrevivir y guiados por la desorientación. ¿Por qué? Porque no tienen un pastor, un líder, al frente, que los guíe y cuide.
Cada vez que imagino a Jesús viendo las multitudes, siento en mi espíritu un desafío: ¡Ser un pastor para esa gente! ¿Acaso no es eso lo que el Espíritu Santo también está imprimiendo en tu espíritu?
En las décadas pasadas, el pastor Carlos Marx guió a multitudes de jóvenes, en varias naciones, hacia una utópica tierra prometida. Mas hoy, el Señor está levantando pastores, conforme a Su corazón, para guiar a esas multitudes no hacia un ideal, sino hacia una profecía. Y yo creo que el Señor te tiene en la “lista de pastores” que enviará a las multitudes.
Los conductores de televisión de mayor rating; los columnistas de periódicos y revistas más leídos; los artistas con clubes de fans alrededor del mundo; los conferencistas más solicitados; los escritores de best-sellers; los empresarios de vanguardia; los presidentes de los medios de comunicación; los profesionales e investigadores contribuyentes a la ciencia y el desarrollo; los políticos de mayor influencia; los deportistas más cotizados; son los que están liderando a las multitudes: influenciando las costumbres, valores y creencias, e inventando instituciones para promoverla.
Este tiempo que estamos viviendo es realmente impresionante. En la agenda celestial estaba que justo ad portas del tercer milenio, la iglesia latina esté compuesto en su mayoría porcentual por jóvenes. Y creo que ahora mismo Dios los está capacitando y entrenando para, en un mediano y largo plazo, tomar esos espacios y liderarlos. Es decir, para penetrar “el mundo” con el reino de Dios. ¡En medio de la crisis moral y espiritual, Dios está entrenando a sus Samueles!
Hace varios años, cuando hablábamos de “servir al Señor”, rápidamente lo asociábamos con ser pastor, evangelista, misionero, etc. Pero ahora la iglesia está entendiendo que también podemos servir a Dios desde nuestras profesiones; sea que trabajemos independientemente, o para el gobierno o la empresa privada.
Años atrás era “pecado” estudiar en la universidad; hoy es un lujo tener universitarios. Pero lo que nos está faltando es abrir los ojos de nuestros estudiantes, para que vean por qué y para qué el Señor les está permitiendo ese lujo. Les tenemos que decir: ¡Dios los está preparando para liderar los espacios antes mencionados! ¿Acaso no es esa una forma de servir a Dios?
Cada vez que el Señor me permite hablar a universitarios cristianos, les digo: “Atrévete a pagar el precio para llegar arriba. Estudia la Biblia; ora y ayuna; moldea tu carácter; revoluciona tu conducta; y también adquiere la más alta preparación intelectual, cual Daniel. En la actual coyuntura llegarás arriba, si estás preparado y tienes agallas”.
Repasemos este artículo: Jesús vio multitudes, y tuvo compasión de ellas porque andaban desamparadas y dispersas. Y dijo: yo seré un pastor para ellas. La pregunta es: ¿harás tú lo mismo?Etiquetas: Artículos
Yo soy tu pastor
por Justo Llecllish M.
 Creo que David estaría un poco enojado, si supiera que a su espectacular frase “Jehová es mi pastor” la hemos reducido a un mero dicho romántico. Antes de subir al trono, el hombre del arpa pastoreó las ovejas de su padre. ¡Y no lo hizo con la cara larga!. Disfrutó usar un cayado. Sufrió emplear una vara. Gozó conducirlos a pastos frescos. Con alegría los llevó a aguas vivas. Con coraje los defendió del lobo y el león.
Ahora en el trono, el hombre del cayado entiende lo que significa ser el “pastor de Israel”. No porque sacó 100 puntos en Teología Pastoral, sino porque tenía corazón de pastor. La prueba máxima de ello es su Salmo 23. Allí nos dice tres cosas: 1) Quién es un pastor. 2) Cómo es un pastor. 3) Qué hace un pastor. Y presenta al Señor como su Pastor.
Si una oveja le hubiera preguntado a David por qué se esmeraba en cuidarlos, guiarlos y alimentarlos, ¿cuál habría sido su respuesta?
Todos los que lideran un grupo de personas, llámense discipuladores, líderes de células, líderes de jóvenes, maestros de escuela dominical, etc., hacen obra pastoral (Timoteo no era evangelista, mas fue exhortado a hacer “obra de evangelista”, 2Ti 4:5). Quizá no desempeñen el “ministerio de pastor” (que implica llamado, ungimiento, preparación y envío), pero son “extensión del ministerio de su pastor”.
¡Intuyo que tú eres uno de ellos! Por eso, a continuación compartiré contigo algunas enseñanzas de Juan 10. A mi parecer, la otra cara del Salmo 23.
Autoridad por relación. Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen (Jn 10:14).
¿Sabes por qué tu grupo se someterán a tu liderazgo y obedecerán tus instrucciones? Si tu autoridad es legal, lo harán simplemente porque el artículo 15, inciso c, del reglamento de la organización, lo estipula literalmente. Si es relacional, harán lo mismo, pero porque “sienten que su pastor los conoce”. Y no sólo eso, sino que ellos también “sienten que conocen a su pastor; no les es un extraño”. Y esto no es magia. Tampoco resultado de una amistad. Es una relación espiritual originada por el mismo Príncipe de los Pastores: Jesucristo.
Seguidores por identificación. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen (10:27). Pero al extraño no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños (5a). La relación espiritual entre el pastor y las ovejas está definida básicamente por la visión. Las ovejas siguen a su pastor, porque se identifican con la voz (la visión) que ese pastor encarna (en caso de que se trate de un líder que corre con la visión del pastor principal de la iglesia local). Si no se hallan en esta visión, se sienten extraños. Escuchan otro idioma. ¡Quisieran seguir a ese líder! Pero no lo hacen, porque no le entienden. (Esto suele suceder cuando el líder, una vez recibido la visión del pastor principal, no la comunica con fidelidad y libre de otros ruidos).
Cuando digo “siguen a su pastor”, quiero decir: invierten en la visión, son voluntarios para su realización, están comprometidos con Dios y con el “hombre de la visión”; etc. Simplemente porque creen que es una visión que proviene de Dios y que ése es el hombre de Dios para guiarlos, cuidarlos y alimentarlos.
Amor por amor. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas (10:11).
Las ovejas saben que su pastor les ama, porque cuando el lobo le dice: “déjame comerme una oveja”; el pastor le responde: “¡sobre mi cadáver! Y no es que el pastor sea un suicida o enfermizo o que haya puesto sus prioridades de cabeza, sino que “ama hasta la muerte”. Y jamás cambiaría ovejas por prestigio, sueldo ni comodidad.
Pero, ¿cómo un pastor del siglo xxi enfrenta a los lobos y leones del siglo xxi?
Seguidores por liderazgo. [el pastor] va delante de ellas; y las ovejas lo siguen (10:4).
Las ovejas siguen a su pastor porque al levantar sus ojos, lo ven al frente. Si estuviera en otro lugar, por más que quieran no podrían seguirle. ¿Acaso se puede seguir a alguien que está detrás nuestro!
¡El pastor tiene que ir adelante! De otra manera no podría enfrentar al lobo rapaz. Tampoco podría abrir camino en medio de la confusión. Mucho menos podría dejar huellas para que las ovejas sigan un ejemplo.
Los lobos de hoy son los problemas, tentaciones, pruebas y luchas que atraviesan las ovejas. El líder ha cumplido su obra pastoral si ha enseñado a las ovejas cómo manejar los problemas. Su trabajo ha sido eficiente si los ha entrenado para huir de la tentación. Si las personas al cuidado del pastor saben cómo enfrentar las pruebas y triunfar sobre las luchas, su labor ha sido eficaz.
¿Cómo un líder abre camino? Cuando una oveja viene a su líder, éste le descubre sus potenciales, canaliza sus inquietudes, y les da oportunidades. ¡Eso es abrir camino! Y es totalmente contrario a profetizar la inutilidad de las ovejas. También es radicalmente opuesto a suscribir el truncamiento de las ovejas. ¡El líder que haga eso, no tiene ni corazón ni riñón ni sangre de pastor!.
¡¡Huellas!! Dejar huellas es marcar la pauta, establecer el compás, dejar un ejemplo, servir de inspiración, etc.
Si preguntamos al Buen Pastor lo mismo que a David le habría preguntado una ovejita, la respuesta sería: “Es que soy tu pastor; y nada te faltará”. ¿Estás listo para responder silenciosamente a esta pregunta, que podría o no ser silenciosa?Etiquetas: Artículos
La bendición de servir a otros
por Justo Llecllish M.
 A la pregunta ¿a quién sirves?; muchos responderían, sirvo al Señor; otros, sirvo en la iglesia; pocos, sirvo a la gente. Si hacemos la misma pregunta a Josué, él nos respondería: yo fui servidor de Moisés. Eliseo nos diría: yo serví a Elías. Timoteo nos contaría: he servido a Pablo desde mis 17 años. (Js 1:1 1R 19:21 Fil 2:22). En suma, cada uno afirmaría haber “servido a otro”.
Parece que nuestra generación huye del privilegio de “servir a otro”, amparándose en su dizque llamado divino de “servir a otros”. Como que tenemos alergia a la frase “servir a otro”. Esta alergia se debe a que en la iglesia mucho se ha predicado y enseñado y desarrollado el concepto de “servir a otros”, y poco el de “servir a otro”. Con el deseo de acuñar en el corazón del cristiano su “llamado a servir”, también han popularizado el lema: ¡yo sirvo a Dios, y no al hombre!.
A los que nos encanta descubrir características de gente de éxito, aquí tenemos una más: Josúe, Eliseo y Timoteo, tuvieron una relación de servicio no subjetivo con sus entrenadores (digo “no subjetivo”, primero, porque el servicio que ellos prestaron no se limitó a un manual de funciones, horario de trabajo y pactos sindicales; segundo, porque, aunque sirvieron al pueblo, cada uno de ellos sirvieron a una persona específica).
Pero, ¿qué es “servir a otro”? Es invertir tus habilidades naturales y sobrenaturales en otro, a fin de que éste sea más eficiente y eficaz. Eso fue lo que hicieron Josué con Moisés, Eliseo con Elías, y Timoteo con Pablo. (En este artículo no hablaré sobre “servir a otros”).
El servicio que ellos prestaron no se asemeja cualtitivamente al servicio que hoy muchos dicen cumplir. ¿Acaso Josué servía a Moisés sólo 8 horas diarias? ¿Creen que Timoteo sólo tipeaba las cartas de Pablo, hacía algunos mandados, y nada más? ¿Se imaginan a Eliseo haciendo sólo las cosas administrativos del ministerio de Elías?... ¡Verdad que no?
Saben, tenemos que reconceptualizar la palabra servicio, a la luz de la Palabra escrita de Dios. Porque el concepto que da el diccionario es demasiado pobre. La opinión que los gurúes de la mercadotecnia están despilfarrando ni siquiera llega al talón del concepto bíblico. Si quieres ampliar el concepto que he dado líneas arriba, mira cómo Josué y Timoteo sirvieron a sus respectivos líderes. Observa el servicio administrativo y personal que prestaron. Luego; actualízalos para ti, preguntándote: ¿a qué equivaldría eso hoy? Y no te asustes si llegas a las siguientes conclusiones: personales, lustrar sus zapatos, cargar su maletín, planchar sus trajes, etc., etc.; administrativas, ser su asistente directo, para todo y en todo.
Bueno; ya comenté acerca del concepto. Ahora, hablemos de los principios. El Apóstol Pablo nos ha dejado dos principios que deben guiar nuestro servicio a otro: a. Sírvele como si a Cristo le estarías sirviendo. Col 3:23-24 b. Sírvele como si Cristo mismo le estaría sirviendo. Col 3:17
Hay muchísima gente que se autodenominan “siervos de Dios”, pero no “sirven a otros”, menos “sirven a otro”. Es posible que piensen y actúen así, porque han asimilado del medio el concepto de que un siervo de Dios es aquel que ora, ayuna y lee la Biblia, y nada más.
Cuando tú “sirves a otro”es como si a nuestro mismo Señor le estaría sirviendo. Por eso, en tu servicio a otro, hazlo con la calidad y excelencia con la que el Señor lo haría.
El “servir a otro” trae resultados consigo: a. Uno llegará a ser la multiplicación de quien ha servido. b. Uno llegará a cosechar sus propios servidores. c. Uno llegará a ser más que aquel a quien ha servido.
Nota, tanto Josué, Eliseo y Timoteo, llegaron a tener ministerios muy similares a la de sus entrenadores. El lío que hoy muchos están enfrentando es que desean tener un ministerio similar al de otro, pero sin una previa relación de servicio. No se han dado cuenta que si quieren ser sabios, deberán andar con sabios. ¡Y no hay mejor manera de andar con sabios, sino bajo una relación de servicio!
En el reino de Dios funciona a la perfección el principio de siembra y cosecha. De modo que, si tú sirves a otro, cuando tengas tu propio ministerio, otros te servirán a ti. El lío que hoy muchos enfrentan es que quieren cosechar servidores, sin haber sido servidor de otro (y más aún, quieren tener sus propios ministerios sin haber sido fieles al ministerio ajeno en el que sirvieron Mr 6:1-6).
Los que sirven a otro con mucha expectativa, con el tiempo, cuando tengan su propio ministerio, alcanzarán más que aquel a quien han servido. Nuestro Señor dijo: el que cree en mi, las obras que yo hago, él también las hará; y aún mayores hará. Lc 6:40 Jn 14:12 Pregunta: ¿en quiénes funcionará esta promesa? Respuesta: En los que “creen en el Señor”. Ahora; si esta condición la aplicamos a una relación de alumno-maestro, siervo-servidor, entonces estaríamos hablando de expectativa. ¿Ahora entiendes por qué puse en el inicio de este párrafo la palabra expectativa?
Resumamos todo: Servir a otro es un privilegio, porque cualquiera no lo hace; es una oportunidad, porque estamos ayudando a otro a ser más efectivo, para la gloria de Dios; y es un secreto, para nuestro propio crecimiento y desarrollo.
¿Te atreverás a “servir a otro”?Etiquetas: Artículos
Perfil de un conquistador
por Justo Llecllish M.
Su perfil sobrenatural.Muy pocos pastores se atreven a involucrar a un adolescente / joven en un ministerio. Mucho menos a confiarle un liderazgo. ¿Por qué? Porque saben que en cualquier momento se cansarán, y podrían dejarlo todo; saben que podrían flaquear y caer y arruinarlo todo. “Esa es su naturaleza”, es el alegato más difundido. Y es completamente cierto. Si éste criterio nos sigue guiando, entonces nunca veremos más jóvenes en el ministerio. Más por el contrario, si veremos decenas y decenas de vidas frustradas, con anhelos de existir. Es imposible negar que los jóvenes por naturaleza seamos así. Pero lo que no podemos, ni debemos, es encerrarnos y conformarnos a nuestra naturaleza. Pues, todo joven cristiano tiene un recurso sobrenatural, por el Espíritu Santa que le ha sido dado. Isaías vio el lado natural y sobrenatural de los jóvenes. Dijo que los jóvenes naturales se cansa y se fatigan, incluso que flaquean y caen. Mas también dijo que los jóvenes sobrenaturales se levantan, nuevamente empiezan a caminar, toman carrera y continúan surcando los aires. Eso; se levantan, caminan, corren, y vuelan. Is 40: 30, 31 Los jóvenes sobrenaturales sí se desaniman, mas sólo por 10 segundos. Siete veces caen, y vuelven a levantarse. Parecen derribados, mas no están destruidos. Aparentemente pierden batallas, mas ganarán la guerra. Sí son hombres; mas piensan como los hijos de Dios. Pr24: 16 2Co 2: 14; 4: 9 Jn 1: 12 Jóvenes: Dios desea revolucionar este país con su amor, mas lo hará a través de jóvenes que se decidan a vivir a sobrenaturalmente. Y tú puedes y debes ser un joven naturalmente sobrenatural, y sobrenaturalmente natural.
Su Perfil Visionario Un sueño es imposible hasta que un visionario decida realizarlo. De allí que deberíamos pedir a Dios que levante visionarios en su iglesia. Y éstos nacen y se desarrollan en medio de grandes derramamientos de Espíritu. Hch 2: 17 Si Juan y Alberto comparten un sueño, y Juan dice: “no se puede hacer”, y Alberto dice: ´”sí se puede hacer”, simplemente es porque Alberto la ve y Juan no la ve. Si Juan ha logrado poco, y Alberto ha logrado más, es porque Alberto ce más que Juan (no estoy enseñando que se comparten no que compitan; si no que se inspiren mutuamente con sus hechos) Porque cada uno llega hasta donde ve; y logra, hasta cuánto ve. Un visionarios ve a través de la niebla. Su mirada traspasa muros. Se robustece en cada imposible. Y se ensancha en retos mayores. Y si Dios va a llenar este globo terráqueo con su gloria, lo va hacer a través de visionarios.
Su Perfil Explosivo Nuestro mensaje no debería limitarse a recrear intelectos. Tampoco a confortar sentimientos. Si no a alborotar ciudades, trastornar mentes y dejar atónitos a los oyentes. Etimológicamente evangelio significa “buenas nuevas”. Más semánticamente significa “poder de Dios”, “dinamita de Dios” (traducción literal) Rom 1: 16. Y cuando tú estás predicando el evangelio, estás poniéndoles una dinamita en las bocas y mentes de tus oyentes. Y sabes que ha explosionado, cuando te preguntan ¿qué debo hacer para ser salvo?; o cuando te quieren lapidar, no pudiendo resistir al espíritu y sabiduría con que hablaste. Hay una forma de inundar este planeta con el evangelio; y es a través de un mensaje explosivo y un ejército de mensajeros explosivos. ¿Podrá el Señor contar contigo?
Su Perfil Militar Los hijos de Dios tenemos varias dimensiones: colaboradores de Dios, sacerdotes de Dios, pueblo de Dios, etc. Pero hay una muy poca difundida: soldados de Jesucristo. 2 Ti 2: 23 Un buen soldado de Cristo militar la buena milicia. Es fiel a la causa del reino. Su lealtad implica entregar su vida misma a la causa. Es sumiso a su autoridad (pastor) Y obedece sin dudas, ni murmuraciones, ni preguntas. Un soldado aprende disciplina, y lucha por ser disciplinado. ¿Por qué? Porque sabe que muchas bendiciones no llegan por falta de ella. Y porque ha visto que la indisciplina despilfarra bendiciones (sí es que las recibe) Un operativo de invasión envangelística cumplirá sus objetivos su en sus filas hay verdaderos soldados. ¿Serás tu uno de ellos?
Conclusión Sólo aquel que ha aprendido a depender del poder del Espíritu Santo puede desarrollar un perfil sobrenatural, visionario, explosivo militar, En estos “postreros días” Dios derramará más poderosamente su Espíritu, y tras sí levantará verdaderos conquistadores. ¿Te has puesto a pensar que podrías ser tú uno de ellos?Etiquetas: Artículos
Ministerios en serio
por Justo Llecllish M.
 Me sentía mal, cuando algunos, con la mas dulce intención, oraban por mis inquietudes: “ Dios; Justo tiene la inquietud de servirte. Ayúdalo”. También me disgustaban sus consejos: “Todos los muchachos tienen inquietudes como las tuyas. Pero no son mas que ilusiones. Ya te pasara”. Me veían como un adolescente con “inquietudes pasajeras” y no como “los inicios de un ministerio”. Creo que pocos se imaginaban que pensaba en serio respecto al ministerio. Un ministerio se hace en serio cuando gay un llamamiento, identidad, trabajo y dedicación serias.
Un Llamamiento Serio Un ministerio debe nacer por un llamamiento divino; y no por un deseo de realización vocacional, de un derroche de creatividad, de satisfacer una necesidad, hacer empresa, aunque estas se concretan en el camino. Tampoco deben nacer inspirados en estudios de marketing, conclusiones Psicológicas, y recomendaciones sociólogas, aunque estas técnicas son de mucha utilidad en el camino. Un ministerio, nace, descansa y se desarrolla por una Palabra que Dios habla al corazón de sus llamados. Y pueden ejecutarse con seriedad y vocación a causa de ese llamamiento. O acaso Jeremías, luego de observar la necesidad de voz de Dios, se lanzó a una carrera profética (Jer. 1:5) Cuando nacen no por causa de un llamamiento, no son más que inquietudes momentáneas, combustible ante la prueba, lumbreras de mediocridad, marchitables con el tiempo. Cuando es por causa de un llamamiento, atraviesan circunstancias, emergen de imposibles y marcan la historia y las vidas. (Ojalá, muchas de las inquietudes que hoy brotan, se transformen en verdaderos ministerios. Sinceramente, esa es mi oración) Los últimos diez años han sido testigos del nacimiento de muchísimos ministerios; y también de sus sepulturas. Han visto el vigor con la que se inicia un proyecto, y también el dolor con la que se disuelven. Si revisamos sus autopsias, notaremos claramente que no nacieron por causa de un llamamiento, sino por las razones arriba enumeradas.
Una Identidad Seria La sociedad, en complicidad con la cultura, cuestiona la identidad del ministerio. Cuando alguien le responde “soy pastor”, re pregunta: “Pero ¿qué eres?”. A los que pisaron universidad los obligan a firmar como licenciados, doctores, y los convencen a escribir con letras cursivas y más pequeñitas, abajito, para la gloria de Dios: pastor. A los que no tienen por lo menos un bachillerato, los hacen sentirse nada, incompletos y vacíos. No estoy sugiriendo que los ministros deban seguir estudios superiores. Estoy reflexionando acerca de la falta de identidad del ministerio; la misma que hay en abundancia. James D. Hamilton, en su libro El Ministerio de Pastor Consejero, hablando acerca de la “crisis de identidad” que confrontan los ministerios, cita a William E. Hulme quien afirma: “ El ministro sufre de un sentido de inferioridad profesional. Ante sus propios ojos él ocupa el último lugar, él está al pie de la lista de las profesiones”. Y él mismo añade: “muchos ministros anhelan ser reconocidos como doctores, licenciados, psiquiatras y psicólogos…Hay que afirmar que si el ministerio alguna vez gana un rango igual con otras profesiones, será un paso atrás para el ministerio”. Sólo el que se identifica con su llamamiento hará un verdadero ministerio. Su preparación académica le servirá para un mejor y efectivo ministerio, pero su éxito no le atribuirá a esta preparación, sino a la gracia de Dios (1 Cor. 15: 10) En el currículo vitae del antiguo héroe Pablo no figuraba los títulos y grados académicos que poseía, sino que honrada y dignifica su llamamiento firmando: “Pablo, apóstol de Jesucristo”. Y todos los que por siglos hemos leído sus epístolas, sabemos que su ministerio era en serio; no un derroche de inquietudes.
Un trabajo Serio Si tú preguntas a un evangelista promedio en qué trabaja, él te dirá: “No trabajo; estoy sirviendo al Señor a tiempo completo”. Incluso otros responderán: “Por causa del Señor dejé mi trabajo”. Y aunque en sus respuestas percibas actitudes de heroísmo, o de víctimas, no hacen sino reflejar una verdad íntima: no ven sus ministerios como un trabajo digno con el cual identificarse. (Excepción filosofía y honrosa: Los que confiesan que no trabajan, para expresar que disfrutan hacerlo). Los que piensan actúan en serio responderán: “trabajo como evangelista”; o, si dejó su trabajo secular: “me cambié de trabajo”. Porque el ministerio es un trabajo que consume mas que cualquier otra profesión (1Ti 5: 17) El ministerio exige cian por ciento de energía, creatividad, e iniciativa. La labor ministerial bebe caudales de dones, talentos, y habilidades, que sin no fuera por la potencia de Espíritu, ningún ministro estaría de pie (Col. 1: 29) Si un evangelista también tiene un trabajo secular, entonces debería responder: “tengo dos trabajos”. O más heroicamente: “soy evangelista, y en mis ratos libres hago algo de contabilidad” (el mediocre dirá: soy contador, y … también…evangelista. Osea…) Pero nunca lo hará mientras no vez un ministerio como un trabajo; y mientras no lo vea como un trabajo, nunca hará un ministerio en serio. Y si no hace los ajustes pertinentes, la historia lo recordará como un inquieto más. Cuando tu ministerio no lo ves como un trabajo. Te relajas, te indisciplinas, no rindes al 100%, y tu fruto es poco o nada. En una palabra, tu ministerio no es nada serio. Más parecen hobbies se hacen en los ratos libres. ¿Acaso no son los ratos libres que muchos le dan a sus ministerios?
Una Dedicación Seria Hay los ministerios a medio tiempo. Ministran los sábados, domingos y feriados, y de lunes a viernes a partir de las 7pm. Unos testifican que el Señor les ha hecho un “milagro” al darles un trabajo que les permite estar desde las 6pm. Otros oran para que sus jefes siempre tengan la bondad de concederles permisos especiales y sean compasivos. Y los más sagaces aspiran una independencia laboral, a causa de la obra del Señor. Pero pocos piensan dedicarse exclusivamente al ministerio. Todos los grandes hombres de Dios se dedican exclusivamente al ministerio. Se han lanzado a ello porque Dios los llamó y porque quieren ser más efectivos en su ministerio. Son visionarios y piensan en serio respecto al ministerio. Y si Dios te ha llamado a un ministerio de esta envergadura, la probabilidad de que te dediques a exclusividad es 100%. Si aún no lo haces, sueña y pelea cómo hacerlo. Conozco a muchos que comenzaron a sobrevivir desde que se lanzaron a un ministerio de tiempo completo. ¿ Por qué? Mis hipótesis son: Nunca fueron llamados, quizá sí “comedidos”; no lo hicieron por un llamamiento específico, sino marketero; lo hicieron a destiempo; o no quisieron pagar el precio. Si enjuiciamos a los fracasados, un buen porcentaje argumentarán que fueron por causas económicas: “La iglesia no nos apoyó”, reclamarán (un verdadero ministerio, aunque necesita apoyo, no debe dirigirse por el apoyo) Los más caballeros admitirán que no resistieron la presión: “esto es sólo para llamados”, confesarán. Los aspirantes al ministerio, traumados por los malos ejemplos, les gustaría realizar un ministerio a tiempo completo, pero sienten temor. Y si no evolucionan en sus formas de ver, lo único que les quedará serán las cenizas de sus sueños dorados de ser los Mottesis y Grahams del Perú. O en el “mejor” de los casos, sus ministerios no serán más hobbies. ¡Hagamos un ministerio en serio!Etiquetas: Artículos
¡Levántate!
por Justo Llecllish M.
 Estamos siendo testigos de un singular acontecimiento en la iglesia latinoamericana. Pues, en plena época post-moderna, una nueva generación de jóvenes están tomando la posta del liderato. Pero, ¿qué les falta, para dejar de ser un puñado y ser ese ejército, mil y una vez pronosticado!
Hace varios siglos atrás ocurrió un hecho algo similar, y muy bien podría responder la pregunta planteada. Me refiero a lo sucedido durante el cambio de liderato en Israel, justo a unos cuantos kilómetros de la tierra prometida.
Habían transcurrido 40 años de seguir el cayado de Moisés, cuando asistieron a una gran ceremonia: El hombre del Sinaí ordenando a Josué como su reemplazante. El sujeto que aprendieron, con dolor, a respetar; con algunas pérdidas humanas, a escuchar; y en abundantes conflictos, a reconocer su investidura celestial, no seguiría más al frente. Probablemente los hijos de Israel estaban algo tristes, pues su líder los dejaba justo cuando había que iniciar “operación conquista”. Y quizá, también, muy excitados, pues momento a momento se acortaban las horas para pisar lo que sus abuelos visionaron, soñaron y profetizaron. Pero, un momento: el que ahora debería estar al frente, aún no llegaba. Dios sí estaba súper emocionado. Pues al fin, después de varias centurias cumpliría lo que había jurado a tres generaciones. Pero, alto: el hombre a través del cual lo cumpliría, aún no estaba en escena. Se supone que ya debería estar en posición; pero no. Estaba en una actitud inactiva. Quizá luchando con una impronta timidez, pues el proyecto era más grande que su tamaño. Tal vez tratando con algunos complejos, pues dirigiría a un pueblo muy identificado con el liderato anterior. A lo mejor resolviendo una ráfaga de preguntas, pues no era nada pequeño su nueva tarea. O, quien sabe, meditando “tengo abundante experiencia como guerrero; pero muy diferente es estar al frente”. En esos momentos, la dulce y poderosa voz de Jehová, Dios de Israel, visitó a Josué. Era la primera vez que lo escuchaba. “Josué, mi siervo moisés ha muerto”, le dijo. Seguro que el que fue servidor de Moisés aún no terminaba de conmoverse, cuando oyó más enfáticamente “¡ahora, pues, levántate y pasa este Jordán!” (Josué. 1:1-3).
La iglesia de Latinoamérica tiene un alto porcentaje de jóvenes entre su membresía. Y creo, como muchos lo intuyen, que son la generación reservada para poderosamente conquistar este planeta con el amor de Dios. ¡Me emociona pensar en las conquistas del próximo decenio!. Pero también me preocupa saber que muy pocos están liderando un ejército extremadamente grande. No obstante, habiendo mucho potencial.
Imaginemos algunas probabilidades que se podrían dar en Lima, Perú; a partir de las estadísticas oficiales de 1993 (Esta probabilidad también valdría para los otros países latinos). Supongamos que de cada 10 jóvenes cristianos, uno, apenas uno, sueñe, dormido y despierto, con este globo terráqueo lleno de la gloria de Dios. Y también supongamos que a los 9 restantes, poco o nada les importe. ¿Okey? Okey. Si esta ridícula, pobre y angosta suposición es cierta, entonces podríamos anunciar que el Señor tiene, sólo en Lima, un ejército de más de 16 mil jóvenes líderes (y hablo de líderes; no de simplemente cristianitos).
Cuando comparto acerca de este potencial, algunos poco crédulos me preguntan ¿dónde están? Y he allí la gran pregunta. Si tú me preguntas lo mismo, yo te repreguntaría, y si podría, agarrándote enérgicamente de los hombros: Mas bien ¿dónde estás tú? ¿En qué estás perdiendo el tiempo? Y terminaría gritando a tus oídos: ¡levántate!
¿Qué significa eso? Dejarte de niñerías, y andar como un soldado, involucrado y comprometido con la causa del reino; rehusando sueños diminutos, y metiendo las naciones en tu corazón. ¡Amén!Etiquetas: Artículos
Cállate y ganarás
por Justo Llecllish M.
Qué es prudenciaPrudencia es la virtud que hace preveer y evitar faltas y peligros. Y los que cultivan esta virtud son gente de éxito. David tenia esta virtud, debido a su virtud la gente de Saúl lo admiraba y el mimo Saúl lo temía. La fuerte dosis de prudencia en José lo llevo a ser el segundo hombre más importante de aquel entonces. 1Sam 6:18; 18:15, Gn 41:33-41 Una de las cualidades del hombre prudente es que sabe refrenar sus labios. Prov 10:19. Mucho de su éxito se deberá a ello. Por eso, antes de emprender una empresa divina, el saber refrena nuestros labios y el estar entrenados en ello, sera importante y determinante. Y que bueno que Dios nos quiere ayudar es esta área. Le ayudo a Jeremías y a Isaías antes que emprendieran sus ministerios (Is 6:7 Jer 1:9) y también lo hará con todo aquel que conteste su llamado.
Cállate antes de Corregir Muchos lideres en su sano intento de corregir a quienes están bajo su autoridad, en lugar de cosechar mejorías han arruinado vidas. Con intención sana procedieron, pero los hundieron. Para corregir, no es suficiente tener la intención sana. Es necesario saber de antemano que palabras y que momento usar para efectuar la corrección. Y eso se llama prudencia. De modo que, si quiero corregir, y aun no tengo lo antes mencionado, debo callar.
Cállate si te sientes enamorado Hay un área en la que los jóvenes incidimos en errores con mayor frecuencia. Y es respecto a los sentimientos. De pronto Alberto va a una reunión y conoce muchos chicos y chicas. Y como Alberto esta orando por su idónea, aprovecha la circunstancia para explorar posibilidades. Y por allí, al ver cierto rostro atractivo, decide estar mas tiempo de la reunión con ella. Y en el momento más inesperado, e impulsado por su simple química, Alberto dice a ella: “Estoy enamorado de ti”. Y a partir de entonces comienzan a salir, etc. Al transcurso de los días, Alberto observa que aquella no era lo que él pensaba y esperaba. Así que el muy “sincero”, va y le dice todo a ella y corta su relación. Luego, al pasar algunos días, conoce a otra, y repite nuevamente su “ciclo vicioso”. Esta historia no es solo de los mundanos; también la de abundantes cristianos, e incluso la de muchos lideres juveniles. Y causa de esta inestabilidad sus testimonios son cuestionados, y sus ministerios poco desarrollados. El problema no es que si se ven atraídos o no, sino en el manifestarlos rápida e impensadamente. Y si prudentemente callaran, se evitarían enredos innecesarios y no herirían a muchas “inocentes”. Una vez, un ministro bastante antiguo me dio un consejo no anticuado. Él me dijo: Nunca digas a alguien que la quieres a menos que estés bastante seguro. Y creo que este es el consejo que los lideres juveniles, aun solteros, necesitamos ponerlo en nuestros corazones.
Cállate si estas Airado Muchos jóvenes somos “fosforitos”. Ante un atentado contra nuestra autoridad y/o reputación, nos prendemos en ira rápidamente. Y lo peor de todo es que, estando en este estado, hablamos y tomamos decisiones. Se han visto casos en que algunos lideres, en estado de ira, hasta han maldecido a sus hermanos en Cristo. Pero, ¿cómo evitar ofender estando en este estado?… El consejo es ¡Cállate! Los que practican este arte, son los que han aprendido a manejar y sosegar su ira. Y naturalmente esto no se aprende de noche a la mañana.
Cállate y Acepta A los jóvenes nos gusta discutir y ganar. Nos gusta defender a capa y espada nuestros puntos de vista. No nos agrada mucho aceptar que el otro tenga la razón. Muchos lideres van a sus pastores para discutir un asunto. Y cuando el no les da la razón, entonces comienzan a discutir y actuar como niños engreídos. Aquellos que queremos servir al Señor fiel e idóneamente, debemos callar en estas circunstancias. Y si de verdad tienes la razón, has cumplido con exponérselo. Porque si te terqueas, lo único que vas a conseguir es dislocar la comunicación en equipo. Pero si te callas, y tuviste la razón, aprenderán a aprender el uno del otro y la comunicación y armonía de equipo sera mayor de bendición.
Conclusión Si quieres corregir, y aun no sabes que palabras y que momento usar, mejor cállate… Si quieres expresar tus sentimientos a alguien, y aun no es tu “amiga-amiga”, mejor cállate… Estando airado, no hables ni tomes decisiones; mejor cállate… Si tu punto de vista no es aceptado, cállate… Sí; cállate y ganaras.Etiquetas: Artículos
Éxito del fracaso
por Justo Llecllish M.
 El pasado, con sus éxitos y fracasos, se ha propuesto capturar y encarcelar a los visionarios. De modo que, el que los recuerda, corre el riesgo de ser capturado. Y el que vive recordándolos ya es su preso. El score: una visión más sin conquistar.
Los fracasos del pasado El remordimiento por los fracasos del pasado nos distrae de nuestra visión, despilfarra nuestras energías, anula nuestra concentración, invalida nuestra imaginación, y castiga nuestra iniciativa. Nos hace re-confesar nuestros pecados (me imagino al Señor, asombrado, respondiendo: “Esta es la 20ava. vez que escucho eso de tus labios, y la verdad que no entiendo de qué hablas”). Nos hace vanamente cargar un peso en el alma (con meditaciones como: “¿Por qué hice eso!; Si sólo hubiera hecho lo otro, no estaría así; etc.”).
¿Qué logramos remordiéndonos? Nada. Lo hecho, hecho está. No se puede cambiar los hechos; aunque sí el resultado de sus consecuencias. Cada pecado y error cometido tiene sus consecuencias. La confesión y el arrepentimiento no nos exonera de enfrentarlas. Mas Dios, en su gracia y misericordia, es capaz de usar aún éstas consecuencias para cumplir sus planes en nosotros. Por eso, sin mucho espectáculo ni lloriqueo, paga las consecuencias de tus pecados y errores, y continúa tu carrera y ministerio. Extiéndete a lo que está delante, y prosigue a la meta de Dios para ti. Dios sigue siendo fiel, aunque le hayas sido infiel. Hch.20:24; Rom 8:28; 2Tim.2:13
Para extenderte a lo que está delante, luego de la confesión y arrepentimiento, tienes que OLVIDARTE DE TUS FRACASOS, diaria y disciplinadamente. Caso contrario, el remordimiento te cazará y te enjaulará cual águila. ¿Por qué crees que Pablo enseñó: “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”?. Fil. 3:13-14
Los éxitos del pasado El recordar los éxitos del pasado tiene un riesgo. Muchos de los que lo han hecho, ahora viven de ellas; viven por ellas; y viven para ellas (¿no predican, recordar es volver a vivir?). El día que se den cuenta que aún no han alcanzado el 10% de lo planeado por Dios, serán libres de esa cautividad. Cuando alguien se jacta de sus proezas del año pasado, yo le digo: “A mí qué me importa. Lo que me importa es lo de este año”. Y agrego: “Si vas a recordarla, okey; pero con la consigna de que este año lo duplicarás”.
Ejemplos? Alberto se jacta de los 3 días de ayuno que hizo en agosto del 97. “¡Fueron los tres mejores días que he vivido!”, reflexiona. Y este año: ¡aún no ha hecho ni medio día de ayuno! Andrés, recordando los 300 dólares que ofrendó para el proyecto XYZ, dice: “Ese año, Dios me lo devolvió multiplicado”. Y este año: ¡ni siquiera 30 dólares ha dado! María llora de alegría cada vez que recuerda su primera prédica. “Dios me usó sobrenaturalmente para confrontar a mi auditórium”, es su evaluación. Y ella misma nos revela de su cautiverio, al concluir: ¡ese día fue inigualable! Considero que es bueno recordar los éxitos del pasado; pero no puedo, ni debo, ni quiero, vivir del pasado. La misericordia del Señor es nueva cada vez que me levanto de la cama. Por tanto, mientras respire, diariamente habrá una bendición mayor que experimentar. Un nivel superior que conquistar. Sal. 93:18
Si no te OLVIDAS DE TUS ÉXITOS pasados, vivirás de ellas. Olvídalos, y sigue adelante. Dios tiene más para ti. Prosigue a tu meta, que aún no has terminado tu carrera y ministerio.
Conclusión. Pablo constantemente se olvidaba de todo lo que quedaba atrás: éxitos y fracasos. Porque había aprendido que los recuerdos lo podrían capturar y encarcelar.
Sospecho que Haward Hendricks quiso dar esta misma lección, al escribir su desafiante frase: “no te enamores de tus éxitos, ni que tus fracasos te derroten” (en su libro Enseñando para Cambiar Vidas).Etiquetas: Artículos
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