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Sergio Abregú: «Al casarnos llegamos a tener dos madres y dos padres»

Platicaba con Sergio Abregú en Lima, en medio de una gira de conferencias juveniles que vino a dar, invitado por ABBA América, y cuando dijo lo dijo, se me heló el café en el primer sorbo. Así que planeamos una entrevista a la distancia, ya que aún le faltaba una ciudad que visitar antes de retornar a Bolivia, donde pastorea el Centro de Superación Familiar El Reino de los Cielos, y desarrolla actividades de coaching life.

¿Por qué en la iglesia hemos despreciado el concepto suegra?
Se ha tornado natural tomar a la suegra como el hazme reír del momento, o el rompe hielo en cualquier reunión. No sólo entre amigos, también en los mensajes a la congregación.

Lamentablemente muchas de las cosas que vivimos con la iglesia están relacionadas todavía a una cultura terrenal.

Por cierto, cuando nos convertimos a Cristo, cambiamos el hombre viejo y nos vestimos del nuevo; pero, interiormente, en nuestra mente, tenemos que liberarnos de una cultura.

Esta cultura puso en nosotros diferentes órdenes de valores.

Cuando conocemos a Cristo, no sólo nos redime la vida, también nos da la posibilidad de redimir nuestra cultura terrenal, nuestra familia y todas sus relaciones.

Hemos perdido la visión de familia multigeneracional. Estamos detenidos en una relación política, tal cual ofrece el sistema donde vivimos.

En el diseño de Dios no vemos relaciones políticas.

Dios planificó una relación de padres e hijos; y ahí está escondido el secreto de toda esta cuestión.

¿Qué dice la Biblia sobre la riqueza del concepto suegra?
En realidad no encontramos una definición; pero sí encontramos actitudes que definen este vínculo.

Encontramos una maldición haciendo alusión de las relaciones íntimas en Deuteronomio 27: 23.

Si bien en la Biblia se menciona el término suegra o suegro, pero no lo presenta como un vínculo político, sino como un vínculo relacionado al espíritu, a la identidad y a la bendición.

Proverbios 17:6 nos dice que la corona de los viejos son los nietos. Y 1Timoteo 5:4 exhorta a hijos y nietos a ejercer una práctica de piedad hacia sus abuelos.

Abuelo-niego es una relación política. Pero no sólo son abuelos, también son padres y suegros, y el apóstol Pablo enseña que los hijos y nietos deben desarrollar con ellos un vínculo de piedad y de honra.

En inglés la palabra padre se escribe FATHER y abuelo se escribe GRANDFATHER.

En este idioma no encontramos la palabra gran suegro. Solo vemos que un abuelo es alguien que se gradúa de gran padre.

El Antiguo Testamento menciona la relación entre Moisés y Jetro; específicamente dice que Jetro es el suegro de Moisés. Y claramente se ve la actitud de Moisés oyendo el consejo de Jetro, no como un hombre que tenía una relación política, sino como un hombre a quien él escuchaba como a un padre.

Este tipo de relación con su suegro, le produjo a Moisés alivio y descanso para llevar las cargas y responsabilidades de dirigir a una nación. Siguió el consejo y como resultado redimió su tiempo, se evitó el desgaste, se libró de posibles enfermedades y renovó sus fuerzas para las situaciones importantes de la vida.

La relación de Jetro y Moisés no una relación política. Jetró abrazó de manera contundente la misión de ser un padre para su yerno. Y Moisés, la de un hijo que oye a su padre.

Otro caso más contundente aún es la relación entre Noemí y Rut. Vemos que Ruth no solo tuvo un relación de nuera-suegra con Noemí. Ruth decidió ser hija y decidió ver a su suegra como a una madre.

¿Qué nos estamos perdiendo del concepto suegra?
En primer lugar aprender, de manera interior, a eliminar la palabra suegra y cambiar por la palabra madre o padre.

Esta transformación es poderosa.

Porque salimos de una relación política, donde muchas veces reina las diferencias o conveniencias, a una relación familiar, de lazos más fuertes y sólidos. Es mudarnos de un pensamiento formal o falso a un pensamiento de vínculo de amor, de relación y de construcción de propósito.

El sistema en el cual vivimos, las relaciones familiares se distancian cada vez más por causa de falsos conceptos o mal entendimiento de la relación familiar que Dios preparó para potenciarnos.

Este sistema cambió los términos y las relaciones, llevándonos a un punto de ridiculización, en lugar de una relación que manifieste una cobertura maravillosa de padres sobre hijos.

Cuando un hombre y una mujer se casan, ambos tienen madre y padre, y en el vínculo político pasan a tener un suegro y una suegra.

En el plan de Dios nunca se entra a una relación política, sino de potenciación familiar a través del tiempo. Al casarnos llegamos a tener dos madres y dos padres; y los suegros llegan a tener un nuevo hijo.

Así es cómo Dios edifica y potencia el diseño familiar.

Cuando Elías oró, dijo: Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob.

Habían pasado muchas generaciones, y habían sido suegros para alguien. Pero sus descendientes no los recordaban como suegros, sino como padres.

Dios nos llamó a ser padres, y debemos recuperar en la iglesia este concepto.

¿Cuáles son las claves para tener una saludable con la suegra?
Entender, primeramente, que la relación con los suegros es producto del vínculo de amor entre un un hombre y una mujer en matrimonio.

Ver a la suegra(o) como una impartición de Dios para para cumplir nuestro llamado a ser padres. Lo cual implica un sin fin de promesas irrevocables de parte de Dios, donde nacen los frutos a causa de la horna.

Hacer de la honra una práctica de vida diaria con quien hasta hoy llamó suegra.

Esto traerá el comienzo de algo diferente.

Dejarás de ser visto como alguien que entró a una familia para interrumpir vínculos. Sino como alguien que nació como hijo a causa de un vínculo perfecto llamado amor.

Un ejemplo contundente es Rut y Noemí.

Rut quedó libre de relación y compromiso político. La situación socioeconómica era delicada, y la cultura de la época no jugaba a su favor. Sin embargo, su entendimiento fue mayor que las circunstancias y la realidad, por lo cual de su boca salieron declaraciones que únicamente podría darse entre madre e hija: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios», aferrando su destino al consejo, a la sabiduría y a la gracia de Dios que podía operar en alguien que portaba el diseño del Padre.

¿En conclusión?
En conclusión, ser libre de la maldición de la suegra, y aceptar de que Dios nos hizo un regalo maravilloso: Tener dos madres y dos padres.

Sólo así podremos cumplir la asignación divina de ser un gran padre o gran madre.

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Disciplina de deportista

Si hay algo que me disgustaron de los —no pocos— libros de John C. Maxwell que he leído, fue su repetitivo uso de un tipo de ilustraciones. Tanto que, hasta abuso me parecía.

No lo dije antes, por respeto a sus canas y logros. Y lo digo ahora, porque empiezo a entender sus razones. Y ya que clasificamos a un mundial de fútbol, después de 3 décadas, juzgué propicio ponerlo por escrito.

No aposté que lo diría si Perú clasifica a Rusia 2018. Sucede que mi disgusto con las ilustraciones de Maxwell es porque están relacionadas con el deporte más apreciado de los Estados Unidos: el baloncesto.

Mi crítica literaria a Maxwell era: ¿Será que no conoce muchos casos organizacionales para ilustrar sus sentencias?

Pero ahora que mi cultura deportiva se amplió con los análisis sobre por qué Perú no llegó a varios mundiales, y por el caso de dopaje de Paolo Guerrero, concluyo que el deporte profesional es el campo ideal para ver en acción los más altos principios de liderazgo.

Quizá, por ello, el apóstol Pablo recurrió al deporte de carreras en estadios para enseñarnos a mantener el enfoque (1Cor 9:4) en la vida. Incluso habló de la abstinencia del deportista, si desea coronarse (1Cor 9:25) al terminar la carrera.

Es decir, en el deporte se ve amplificada una de las condiciones más importantes para tener éxito en todas las áreas de la vida: disciplina.

Y ahora que la agenda mundial es Rusia 2018, me es ocasión para listar 3 de las disciplinas, común al deportista y al líder que quiere coronarse de éxito.

Comer como deportista

El deportista que come lo que sea, fallará en su rendimiento. El líder, igual.

Comer lo que sea, no fue lo que me enseñaron en mis clases de ética ministerial, pero sí comer todo lo que me pongan en la mesa.

Por ello me enojé duramente con mi compañero de viaje que dejó la piel del pollo en su plato. Hoy, lo veo como un acto de fe.

Me advirtieron sobre la cerveza y el vino, pero jamás sobre la gaseosa.

¡Hasta que, hace poco, conocí a un hermano que desayuna, almuerza y cena como una forma de rendir culto al Señor!

Ya que era extranjero, lo llevé a degustar uno de los platos bandera de la cocina peruana. Yo pedí mi orden, remecida y rebosante. Mi invitado fue selectivo, y previa explicación.

Después me dio sus razones, ya que le fruncí el ceño.

Me contó que, abruptamente, le vinieron ciertos dolores en el pecho. Fue al médico, y después de varios análisis, le recetó una cantidad de pastillas.

Mi amigo pidió al médico que, por favor, le quite todo ese medicamento, y que mejor le diga qué debe comer y qué no debe comer. El médico, como si hubiera visto un fantasma, le hizo un papel con dos columnas, dándole indicaciones en tono de incredulidad, y casi preparándolo para una reconsulta.

Entrenar como deportista

La primera vez que me recomendaron gimnasio, la rechacé de inmediato. Mi alto espíritu religioso me hacía ver como infame asistir al gimnasio con más frecuencia que a la iglesia.

Hasta que descubrí que varios líderes que respeto y admiro van religiosamente al gimnasio.

Me convencí especulando que Pablo no lo enseñó, dado que sus caminas eran más que suficiente. No por gusto dijo que «el entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor» (1Tim 4:8, NTV).

Me desafió mucho cuando otro amigo me dijo que, desde que empezó a correr, se siente con más vitalidad durante el día.

Me pareció una manera de hacer guerra espiritual, cuando otro amigo me dijo que practicaba natación para prevenir la hipertensión que se llevó al cielo a su abuelo y a su padre.

¡Cómo me maravillo aprender sobre la práctica de ejercicios! Será porque en la iglesia que asistí de niño era pecado practicar deporte, y en la iglesia que fui de joven nunca nos explicaron el lado espiritual del ejercicio físico.

Trabajar como deportista

No pudimos clasificar a 9 mundiales seguidos a pesar de contar con grandes estrellas del fútbol, como Los 4 fantásticos.

¡Cómo es posible?

¡Simple!

¡Creer en estrellas en el fútbol es una herejía!

Una cosa es un grupo de once personas tras una pelota, y otra un equipo de jugadores haciendo sinergia para anotar goles. En términos del management, una cosa es hacer actividades y otra lograr resultados consecuentes con la misión.

En una organización, hay una estrella dirigiendo el equipo, pero lo real es una persona teniendo éxito gracias a su habilidad para servirse del talento de su grupo. Exportar esa mentalidad al deporte es fracaso seguro.

Por ello, pues, el deporte es la mejor parábola para una hermenéutica del trabajo en equipo.

Entones

Comer es tan espiritual como cantar alabanzas. No por gusto nuestro Señor comparó su relación con nosotros como cenar juntos (Apo 3:20).

Así como el cuerpo requiere ejercicios, el espíritu requiere entrenarse en sumisión.

Ser parte de un grupo es lindo. Pero si apuntamos a metas, hay que ser equipo.

Y para que ocurran, se requiere disciplina… de deportista.

Sorry, John C. Maxwell.

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Propósito del propósito

¡Claro que Dios tiene un propósito para tu vida. Pero tampoco que su ocupación sea fabricar propósitos para cada ser humano. Por supuesto que «quiere darnos futuro y esperanza» (Jer 29:11). Pero tampoco que en el cielo conspira a tu favor!

Photo by Edgar Castrejon on Unsplash

¡Cuidado con las medias verdades! La otra mitad es que Dios también tiene un propósito, y por cuanto Dios es Dios, es un propósito eterno y de cumplimiento seguro.

Se supone que en la iglesia nos enseñan sobre el propósito de Dios (Hec 20:27), pero como mayormente abordan sólo una parte, los oyentes asumen que el propósito último de Dios es que «prosperes en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3Jn 1:2).Hasta que un día, uno de esos días de reflexión, entre insatisfacción e inquietud, y al

borde de la contradicción, al fin te haces la pregunta más importante que un mortal podría hacerse: ¿Y para qué todo esto? —Así como cuando Esther llegó a ser reina, y luego entendió el porqué y para qué.

Ese para qué, pues, es el propósito de Dios para la humanidad.

Por supuesto que Dios tiene un propósito para tu vida, pero aún tu propósito (individual) requiere un propósito mayor (totalidad) para que tenga sentido.

Te lo explico así de facilito: Si el propósito de Dios es un pastel, entonces tu propósito es una tajada de ese pastel.
¿Quieres entender tu tajada? —¡Entiende primero el pastel!

¿Cómo? —¡Lee tu Biblia!

Dudo que el abogado entienda su propósito sin entender la justicia divina. Dudo que el arquitecto entienda su propósito sin entender a Dios como arquitecto. Dudo que el contador entienda su propósito sin entender el diezmo. Dudo que el médico entienda su propósito sin entender la resurrección. Dudo que el zapatero entienda su propósito sin entender la evangelización. Dudo que el electricista entienda su propósito sin entender el evangelio. Dudo que albañil entienda su propósito sin entender cómo Jesús edifica su iglesia.

El propósito de Dios requiere hacedores de su propósito. Es decir, que alguien entienda cuál es su propósito y enseguida lo haga. Estos son hijos, sus hijos, los que buscan agradar al Padre celestial como su máxima realización.

Al crearnos el Señor nos hizo con voluntad propia. Es decir, con la capacidad de alinearnos a su propósito, o hacer nuestro propio propósito, o incluso rebelarnos contra su propósito.

¡Qué maravilla cuando un imberbe se inquieta por saber el propósito de Dios para su vida!

Digo maravilla, pues, por lo general asume que el propósito de Dios implica la eliminación de su propio propósito. Pero maravilla al cuadrado si desea conocer el propósito maestro de Dios, y también desea saber cuál es su tajada.

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Justo Llecllish: «La vocación se descubre continuamente»

Lima, Perú. Ya está a la venta Vocacionalidad hoy, el nuevo libro de Justo Llecllish, que aborda sobre “la segunda interrogante más crucial para todo joven”, afirma el autor. Está disponible en formato impreso y digital, y publicado bajo el sello de faxjuvenil Publicaciones.

 

Los dos primeros libros escritos por el Pastor Justo, Santo Enamoramiento y El amor a los 20, versan sobre la primera interrogante que tienen todos los jóvenes. En Vocacionalidad hoy se trata de responder a la segunda interrogante que tiene todo joven. «No es cómo descubrir tu vocación, sino cómo descubrirla continuamente, sin tanto misticismo de fondo y forma. Es una guía para resolver el constante conflicto vocacional que se sufre, un desafío para renunciar a una vida con Dios en el primer lugar, y una exhortación para salvarse de la iglesitis”, según explicó el autor.

Entre sus páginas se encuentran respuestas a cómo desarrollar una mentalidad de propósito, cómo superar el conflicto vocacional, en todas sus formas, cómo discernir la guía de Dios en tu vocación y cómo integrar tu vocación espiritual y natural.

Este nuevo libro es una respuesta de Justo Llecllish a la problemática juvenil posmoderna, basado en la Biblia y su contacto con juventudes desde hace 25 años —de forma personal como pastor en Héroes 21, y de forma ministerial desde faxjuvenil, como autor, conferencista, blogger y geek—.

Más información sobre Vocacionalidad Hoy, en www.faxjuvenil.com/vocacionalidad

Para bajar la imagen: https://llec.ml/2BPVjzy

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mAxima # 56

Una vez envié a un grupo de jóvenes a tomar un curso. A su regreso les pregunté por cómo les fue. Y me contaron que lo único que hizo el profe fue leer un libro y explicar un poco, leer otro tanto y explicar otro tanto, y así hasta terminar el castigo.

—¿Castigo! —repuse.

Por confianza que les tengo, di por cierta su explicación.

A mí también me pasó lo mismo, exactamente lo mismo, pero me fue toda una experiencia religiosa cada segundo transcurrido. Quizá, porque el profe que me enseñó era el autor del libro que usaba. Y, definitivamente, para que escribiera el libro, tuvo que estudiar seriamente el tema.

Así, pues, llegué a la siguiente mAxima…

¡He allí la diferencia entre profesor y maestro!

Pregunta: ¿Qué estás haciendo para ser un maestro en tu área de expertise?