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Sergio Abregú: «Al casarnos llegamos a tener dos madres y dos padres»

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Publicado el octubre 13, 2018

Platicaba con Sergio Abregú en Lima, en medio de una gira de conferencias juveniles que vino a dar, invitado por ABBA América, y cuando dijo lo dijo, se me heló el café en el primer sorbo. Así que planeamos una entrevista a la distancia, ya que aún le faltaba una ciudad que visitar antes de retornar a Bolivia, donde pastorea el Centro de Superación Familiar El Reino de los Cielos, y desarrolla actividades de coaching life.

¿Por qué en la iglesia hemos despreciado el concepto suegra?
Se ha tornado natural tomar a la suegra como el hazme reír del momento, o el rompe hielo en cualquier reunión. No sólo entre amigos, también en los mensajes a la congregación.

Lamentablemente muchas de las cosas que vivimos con la iglesia están relacionadas todavía a una cultura terrenal.

Por cierto, cuando nos convertimos a Cristo, cambiamos el hombre viejo y nos vestimos del nuevo; pero, interiormente, en nuestra mente, tenemos que liberarnos de una cultura.

Esta cultura puso en nosotros diferentes órdenes de valores.

Cuando conocemos a Cristo, no sólo nos redime la vida, también nos da la posibilidad de redimir nuestra cultura terrenal, nuestra familia y todas sus relaciones.

Hemos perdido la visión de familia multigeneracional. Estamos detenidos en una relación política, tal cual ofrece el sistema donde vivimos.

En el diseño de Dios no vemos relaciones políticas.

Dios planificó una relación de padres e hijos; y ahí está escondido el secreto de toda esta cuestión.

¿Qué dice la Biblia sobre la riqueza del concepto suegra?
En realidad no encontramos una definición; pero sí encontramos actitudes que definen este vínculo.

Encontramos una maldición haciendo alusión de las relaciones íntimas en Deuteronomio 27: 23.

Si bien en la Biblia se menciona el término suegra o suegro, pero no lo presenta como un vínculo político, sino como un vínculo relacionado al espíritu, a la identidad y a la bendición.

Proverbios 17:6 nos dice que la corona de los viejos son los nietos. Y 1Timoteo 5:4 exhorta a hijos y nietos a ejercer una práctica de piedad hacia sus abuelos.

Abuelo-niego es una relación política. Pero no sólo son abuelos, también son padres y suegros, y el apóstol Pablo enseña que los hijos y nietos deben desarrollar con ellos un vínculo de piedad y de honra.

En inglés la palabra padre se escribe FATHER y abuelo se escribe GRANDFATHER.

En este idioma no encontramos la palabra gran suegro. Solo vemos que un abuelo es alguien que se gradúa de gran padre.

El Antiguo Testamento menciona la relación entre Moisés y Jetro; específicamente dice que Jetro es el suegro de Moisés. Y claramente se ve la actitud de Moisés oyendo el consejo de Jetro, no como un hombre que tenía una relación política, sino como un hombre a quien él escuchaba como a un padre.

Este tipo de relación con su suegro, le produjo a Moisés alivio y descanso para llevar las cargas y responsabilidades de dirigir a una nación. Siguió el consejo y como resultado redimió su tiempo, se evitó el desgaste, se libró de posibles enfermedades y renovó sus fuerzas para las situaciones importantes de la vida.

La relación de Jetro y Moisés no una relación política. Jetró abrazó de manera contundente la misión de ser un padre para su yerno. Y Moisés, la de un hijo que oye a su padre.

Otro caso más contundente aún es la relación entre Noemí y Rut. Vemos que Ruth no solo tuvo un relación de nuera-suegra con Noemí. Ruth decidió ser hija y decidió ver a su suegra como a una madre.

¿Qué nos estamos perdiendo del concepto suegra?
En primer lugar aprender, de manera interior, a eliminar la palabra suegra y cambiar por la palabra madre o padre.

Esta transformación es poderosa.

Porque salimos de una relación política, donde muchas veces reina las diferencias o conveniencias, a una relación familiar, de lazos más fuertes y sólidos. Es mudarnos de un pensamiento formal o falso a un pensamiento de vínculo de amor, de relación y de construcción de propósito.

El sistema en el cual vivimos, las relaciones familiares se distancian cada vez más por causa de falsos conceptos o mal entendimiento de la relación familiar que Dios preparó para potenciarnos.

Este sistema cambió los términos y las relaciones, llevándonos a un punto de ridiculización, en lugar de una relación que manifieste una cobertura maravillosa de padres sobre hijos.

Cuando un hombre y una mujer se casan, ambos tienen madre y padre, y en el vínculo político pasan a tener un suegro y una suegra.

En el plan de Dios nunca se entra a una relación política, sino de potenciación familiar a través del tiempo. Al casarnos llegamos a tener dos madres y dos padres; y los suegros llegan a tener un nuevo hijo.

Así es cómo Dios edifica y potencia el diseño familiar.

Cuando Elías oró, dijo: Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob.

Habían pasado muchas generaciones, y habían sido suegros para alguien. Pero sus descendientes no los recordaban como suegros, sino como padres.

Dios nos llamó a ser padres, y debemos recuperar en la iglesia este concepto.

¿Cuáles son las claves para tener una saludable con la suegra?
Entender, primeramente, que la relación con los suegros es producto del vínculo de amor entre un un hombre y una mujer en matrimonio.

Ver a la suegra(o) como una impartición de Dios para para cumplir nuestro llamado a ser padres. Lo cual implica un sin fin de promesas irrevocables de parte de Dios, donde nacen los frutos a causa de la horna.

Hacer de la honra una práctica de vida diaria con quien hasta hoy llamó suegra.

Esto traerá el comienzo de algo diferente.

Dejarás de ser visto como alguien que entró a una familia para interrumpir vínculos. Sino como alguien que nació como hijo a causa de un vínculo perfecto llamado amor.

Un ejemplo contundente es Rut y Noemí.

Rut quedó libre de relación y compromiso político. La situación socioeconómica era delicada, y la cultura de la época no jugaba a su favor. Sin embargo, su entendimiento fue mayor que las circunstancias y la realidad, por lo cual de su boca salieron declaraciones que únicamente podría darse entre madre e hija: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios», aferrando su destino al consejo, a la sabiduría y a la gracia de Dios que podía operar en alguien que portaba el diseño del Padre.

¿En conclusión?
En conclusión, ser libre de la maldición de la suegra, y aceptar de que Dios nos hizo un regalo maravilloso: Tener dos madres y dos padres.

Sólo así podremos cumplir la asignación divina de ser un gran padre o gran madre.

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